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INVESTIDURA EN SEVILLA

 
 

 

El pasado día 18 de noviembre de 2006 tuvo lugar en Sevilla la primera investidura de caballeros templarios en 700 años.  

Los actos comenzaron con la llegada, el viernes día 17, de los hermanos desde distintos puntos geográficos nacionales e internacional: Sevilla, Huelva, Cádiz, Castilla-La Mancha, Madrid, Baleares, País Vasco, Cataluña y un hermano que se desplazó ex profeso desde Venezuela. A todos estos hermanos, enhorabuena por demostrar su valía y su fe en la Providencia de Nuestro Señor, que es la que ha hecho posible que esta ceremonia tuviera lugar. 

Los actos comenzaron con una charla distendida del maestre con los postulantes mientras tomaban un café. En ella, y en virtud del nuevo rumbo que la hermandad tomó, se vio cuán cercanos están los hermanos unos de otros, dejando atrás un manido formalismo que no hace sino distanciar a los que se dicen hermanos. Tras una clara exposición del maestre de la importancia del paso que iban a dar y tras la aclaración de dudas, la reunión finalizó de la forma más distendida, amistosa y fraternal que pudiera pensarse.

 

 

La tarde-noche finalizó con una magnífica cena en el restaurante Modesto, donde fuimos atendidos de inmejorable manera. 

El sábado día 18 tuvieron lugar, por la mañana, distintos actos privados de la Hermandad. Por la tarde, a las 16:00 h comenzaron los actos privados de investidura. Y a las 19:00 tuvo lugar el acto público, con la celebración de la Santa Misa, como expresión de agradecimiento, sacrificio, entrega y compromiso tanto de los nuevos miembros como de los más veteranos, quienes en todo momento fueron conscientes de la importancia de celebrar este acontecimiento en la Parroquia de San Bernardo donde, como vamos a ver, algo tiene que ver con la antigua Orden medieval. En el escudo de Sevilla aparecen los distintos títulos que ostenta la ciudad: Muy Noble concedido por San Fernando; Muy Leal, concedido por Juan II; Muy Heroica, por Fernando VII e Invicta por Isabel II. A mediados de los años 40
y coincidente con la proclamación de la Virgen del los Reyes  como Patrona no sólo de Sevilla, sino de su archidiócesis, el inminente dogma de la
Asunción de la Virgen y que estábamos en "La Tierra de María Santísima", a
iniciativa de la Hermandad de San Bernardo y más exactamente del entonces su hermano mayor, Don Antonio Filpo Rojas, lanzó la propuesta de que en el escudo de la ciudad apareciera el titulo de Muy Mariana.

 

Dicha propuesta tuvo una unánime acogida en la corporación municipal de la época y desde 1946, Sevilla es por derecho propio y por la iniciativa de la hermandad de San Bernardo, MUY MARIANA. Por eso, esta bella ciudad ostenta los títulos más insignes que pudieran tenerse: MUY NOBLE, MUY LEAL, MUY HEROICA, INVICTA Y MUY MARIANA.  

Cuando el rey san Fernando sitió Sevilla, le acompañaban los templarios, siendo su maestre fr. +Pedro Álvarez Alvito. Existen crónicas que avalan la importancia que tuvo esta orden en la toma de Sevilla, como en su día nos comunicó D. Juan Antonio Romero Gómez, quien nos acompañó en todo momento durante los actos públicos y durante la cena, y de quien fue un honor aprender mucho más sobre las Órdenes Militares. Don Juan Antonio, guía turístico, investigador y especialista en órdenes caballerescas medievales nos lo cuenta en su libro  LOS TEMPLARIOS EN EL REINO DE SEVILLA 

“El campamento del Maestre del Temple también era muy atacado, hasta que prepararon una celada junto a las murallas, cerca de la puerta por la que acostumbraban a salir los sevillanos; así que entrando ya el día, salieron estos, los cristianos les atacaron hasta cerca de la puerta, matándoles siete caballeros y más de cien peones que alcanzaron fuera de los muros” (Crónica General C.1.106). Y sigue: “La puerta a la que se refiere es la que da a la hoy llamada calle Santa María la Blanca, llamada de Minjoar o Bib-Ahoar (de la carne), y la celada sería probablemente entre la muralla y el Tagarete que discurría por allí. El campamento templario no era independiente, sino que estaba encuadrado en las huestes del Infante Alfonso Molina, por tanto estaba situado en lo que hoy conocemos como jardines de la Buhaira, que se situaba al otro lado del Tagarete, protegiendo el flanco del rey que se situaba en combate en la actual Eritaña.”… “Podría ser casualidad, aunque a veces las casualidades no lo son tanto, que posteriormente a esa zona se le llamó el arrabal de san Bernardo, y que este santo es el patrón de los Templarios y el autor de las reglas de la Orden”…”no sería desdeñable la teoría de que allí donde estaba el campamento del temple hubiera habido una capilla dedicada al susodicho santo patrón y que la devoción hubiera permanecido en el lugar. Y que cuando el rey Alfonso X reparte la ciudad en collaciones, dándole nombre de santos a cada una, no olvidara la existencia del ya nombrado campamento templario  recordándolo con la advocación del santo francés.” 

La ceremonia pública comenzó puntualmente a las 19:00 h, ante Santísimo Cristo de la Salud y María Santísima del Refugio, con San Miguel y  San Bernardo como testigos.  

 

     

 

Realmente emocionante la bella homilía de nuestro capellán, don José Álvarez Allende, Párroco-Arcipreste de San Bernardo y Prelado de S.S. el Papa, y que puede leerse a continuación de esta crónica. Resume realmente la actitud que debe primar un verdadero pobre caballero de Cristo, volviendo a la actitud de los primitivos caballeros templarios que recorrieron los caminos protegiendo a los peregrinos.

El acto, muy emocionante, pues todos éramos conscientes de la trascendencia de esta investidura, se desarrolló ante muchísimos asistentes que quedaron gratamente sorprendidos por la sencillez de la ceremonia.

 

Posteriormente tuvo lugar una cena en el restaurante del Hotel Doña Manuela, donde departimos, mientras disfrutamos de una magnífica cena.

 

 

No creemos en las casualidades, sino en la voluntad de Nuestro Señor, quien en su Divina Providencia nos ha llevado a este punto. Será Él quien, a través de sus ministros en la tierra y por la acción del Espíritu Santo, decidirá si somos dignos de servirle desde el acogimiento de la Santa Madre Iglesia, llevando hasta el máximo grado de entrega el inicio del salmo 115, que es nuestro lema y que san Bernardo, en sus últimas palabras del LIBRO SOBRE LAS GLORIAS DE LA NUEVA MILICIA. A LOS CABALLEROS TEMPLARIOS, matizó.

 

Non nobis, Domine, non nobis, sed nomini tuo da gloria gloriam, et in omnibus sit ipse benedictus, qui docet manus vestas ad proeliun et digitos ad bellum

No a nosotros, Señor, no a nosotros, sino a tu nombre da la gloria, para que en todo sea bendito el que adiestra mis manos para el combate y mis dedos para la pelea

 

Homilía de Don José  

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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