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CRÓNICA DE LA VISITA PRIORAL A SEVILLA

 

 

 

Diez y media de la mañana del día 29 de diciembre de 2005. El vuelo procedente de Palma de Mallorca aparece como arribado. Tras unos minutos de impaciente espera, veo con alegría como dos especiales pasajeros de este vuelo hacen su aparición en la sala. Realmente la primera impresión es de extrañeza, la de situar a estos queridos hermanos en Sevilla, lejos de donde habitualmente nos habíamos siempre encontrado: la maravillosa isla de Mallorca. ¡Por fin había llegado el día! Los hermanos + Nicolau y + Gelbert se encontraban en Sevilla.

El intercambio de emocionados triples abrazos hizo quizá aumentar la curiosidad que ya habían despertado sus imponentes figuras y modos entre quienes allí se encontraban, que nos siguieron con la mirada hasta abandonar la sala camino del turismo, un deportivo, cuyo reducido habitáculo interior obligó a tan enormes caballeros a realizar todo tipo de contorsiones, que serían la práctica habitual de los dos días que en la capital hispalense permanecieron.

Lo primero, dejar el equipaje en la casa de este comendador, donde ya se encontraba dispuesta la habitación que tan ilustres visitantes habrían de ocupar. Hechas las oportunas presentaciones familiares, nos dirigimos a la Parroquia de San Bernardo, en el barrio homónimo de esta ciudad. Es el barrio de los toreros, donde figuras como Pepe Luis y Manolo Vázquez o Tito de San Bernardo, pasearon su nombre por el mundo. Un barrio, que de humilde, ha pasado a ser ocupado por gente de alto poder adquisitivo.

El porqué de este nombre, parece ser estar muy relacionado con la Orden del Temple. En su libro “Los Templarios en el Reino de Sevilla”, D. Juan Antonio Romero López hace referencia a que aquí se encontraba el campamento templario durante el asedio a Sevilla por las tropas de San Fernando. Y fue aquí donde construyeron un altar en Nombre de Nuestra Señora y en honor al que fuera su guía espiritual.

 

 

La Iglesia Parroquial de San Bernardo, del siglo XVI, es la sede de la Real, Ilustre y Fervorosa Hermandad Sacramental de la Pura y Limpia Concepción de la Santísima Virgen María, Ánimas Benditas del Purgatorio y Cofradía de Nazarenos del Santísimo Cristo de la Salud, María Santísima del Refugio, Santa Cruz, Nuestra Señora del Patrocinio, Santa Bárbara y San Bernardo.

Accedemos bajo la imagen de San Bernardo sobre la que se observa la de la Giralda, a un templo que podríamos calificar de familiar, aunque regio. En absoluto se encuentra uno desubicado. De frente, el dorado retablo Nuestra Señora del Refugio, obra de Sebastián Santos Rojas de 1936. Y algo más arriba, de nuevo San Bernardo, con su báculo, su Biblia y la mitra a sus pies. A ambos lados podemos observar a San Leandro, San Isidoro y a San Fernando.

 
 

     

 
 

A la derecha del altar, el Cristo de la Salud, atribuido a Andrés Cansino, de 1669. Una talla de gran expresividad y valor artístico, que da nombre a la calle donde se encuentra la iglesia.

 
 
 

Pasamos a la casa parroquial tras una breve oración, donde tras cruzar un bonito patio andaluz, accedemos por una cancela a la escalera que lleva a la vivienda del Párroco: D. José Álvarez Allende, hombre bueno donde los haya. Subimos la empinada escalera, cuyo recorrido lo acompaña una barra con una cremallera por donde se desplaza una silla que sirve a D. José para subir y bajar cómodamente, dado el pequeño problema de cadera que sufre. Nos abre la puerta Dª Aída, una dama de bello rostro y exquisitos modales, que es quien mejor conoce al sacerdote, entre otras cosas, porque es su sobrina, aunque siempre se refiere a él como D. José. Es quien le mima. Todos sus actos hacia él están llenos de amor. Me gustaría que de llegar a la edad del padre Allende, alguien me mimara así.

Hechas las oportunas presentaciones, y siempre con buenas palabras y con una sonrisa, Dª Aída nos acompaña a la sala donde D. José desayuna. Con toda la naturalidad, nos indica que le esperamos en su sala de estar, donde la luz del mediodía da un toque bucólico a esta estancia llena de libros y fotografías de otros tiempos en que a lo mejor podría tener el pelo negro, pero sus facciones no han cambiado.

Mientras esperamos a que termine de su desayuno, descubrimos junto a su sillón el “Codex Templi” que le regalé dedicado. No habrían de pasar más de un par de minutos cuando aparece por las puertas el anfitrión. De porte respetable, noble y cercano, me saluda con una sonrisa, haciéndole las presentaciones oportunas:

-Padre -le dije- mi Prior, el hermano Nicolau y el canciller, el hermano + Gelbert.

Tras saludarles muy cariñosamente, cruza la habitación con una agilidad que yo desconocía, pues últimamente se había quejado de la cadera. Se sienta en su sillón, mientras nosotros hacíamos lo propio. Con el frater + Nicolau a su izquierda, comienza la conversación:

- Bueno, contadme. ¿Todo bien?

A lo que yo le respondí:

•  Padre: Ya le dije que nuestro prior vendría a Sevilla con motivo de la audiencia con Su Eminencia el Cardenal Amigo, y que tenía interés en que se conocieran.

Ya casi no tuve más que intervenir. Lo primero que dijo el prior fue:

•  Pues si, por fin, porque vaya la que me ha dado este… “Que si don José esto…, que si don José lo otro… ¡No se puede imaginar la que me ha dado con don José!, así que estaba deseando conocerle.

Tras unas risas, don José parece que hace por acercarse la pequeña descalzadora que usa para apoyar la pierna que le inoportuna, reflejo de su padecimiento de espalda. Una vez se la acerqué, la levanta y apoya sin algún esfuerzo, sin sujetársela, y hace referencia a que es el único mal que le afecta, y que se encuentra mucho mejor desde que asiste a las sesiones de un quiropráctico que le recomendó un parroquiano. ¡Claro, eso es lo que yo le había notado! ¿Es posible esa mejoría en tan breve plazo de tiempo? Dos meses de sesión lleva tan solo.

•  Pues que quiero, tengo ya noventa y tres años.

•  ¿Noventa y tres? –dicen al unísono los templarios. ¡Setenta y tantos aparenta vd., padre!

El prior, gran conocedor de la anatomía humana y de los masajes, dada su condición de campeón de culturismo, le tantea el tobillo, lamentándose de no haber traído sus aceites para poderle dar un masaje en el inflamado tobillo hasta el gemelo. Este lamento habría de oírlo en varias ocasiones durante su estancia.

-No os preocupéis, frater. Ya habrá tiempo…

Él es una persona querida y respetada en Sevilla. A pesar de haber nacido en la provincia de León, llegó a Sevilla para hacerse cargo de la Parroquia a los treinta y nueve años. Ya lleva cincuenta y cuatro, lo que le convierte en el más veterano Párroco de Sevilla, y habría que ver de donde más. Cuando llegó, nos cuenta, había ancianas que no conocían “Sevilla”, dado que la muralla de la antigua ciudad cerraba el paso al centro. Hablamos de una distancia de algo más de quinientos metros. Sí que ha pasado el tiempo, y grandes son las obras que don José ha hecho por su barrio. Como hombre avanzado a su tiempo, mientras otros dignatarios apostaban por el aporte de casa y comida a los necesitados como actividad primordial, él fue el único que apostó por la educación. Jóvenes que con el tiempo se convertirían en señoritas que trabajaban en los mejores bufetes de abogados, en El Corte Inglés o en Galerías Preciados. Todavía va por la calle, y los nietos de aquellas niñas le besan. Hoy su escuela cuenta con más de mil alumnos. No en vano, además de Párroco y Arcipreste Honorario de San Bernardo, es Prelado de Honor de Su Santidad el Papa.

Comentándole el Prior en qué consiste el acto de la investidura, pone a nuestra disposición su Parroquia, lo que nos llena de júbilo, y a lo que el frater + Nicolau le comenta que la próxima investidura en la península será en noviembre de 2006. D. José nos manifiesta su disposición de celebrar la homilía. ¡¡¡Cuánto honor, Dios mío!!!

Con pena porque siempre sabe a poco las conversaciones con D. José por supuesto con Dª Aída, que nos enseña las fotos del Paladín del barrio San Bernardo junto a SS.SS. Pablo VI y Juan Pablo II, debemos abandonar la casa. Tras la cariñosa despedida, observamos como una señora intenta con dificultad sacar del zaguán de la casa frente a la Parroquia, una silla de ruedas ocupada por un señor mayor. Dado que íbamos con paso largo, nos pasamos, pero el Prior, en su condición de Caballero volvió sobre sus pasos y asió los mangos de la silla. También el hermano + Gelbert se acercó, quien ante la imposibilidad de hacerlo ambos dada la estrechez de aquella puerta, fue quien magistralmente sacó la silla del zaguán, salvando el escalón interior, girándola sobre una acera de no más de cincuenta centímetros y situándola sobre los adoquines de la calle, mientras el anciano caballero preguntaba insistentemente:

•  ¿Quién eres, quién eres?

•  Unos amigos, señor. -dijo el prior

Aquel caballero de limitada vista esbozó una sonrisa agradecida al igual que aquella señora, deseándonos que el Señor nos lo pagase… “Ya nos lo paga”, pensamos. Todo sea en el Su Nombre…

Y satisfechos por el inicio de la visita a Sevilla, nos dirigimos al vehículo para tomar la dirección de la encomienda física de Sevilla, la Tercia de San Miguel, mientras a San Bernardo, a su barrio y a su Párroco les decíamos: ¡Hasta siempre!

 
 
     

 
 

Uno de los frentes que la Encomienda de Andalucía tiene abierto es la de efectuar las obras de rehabilitación de esta casa, situada en el Aljarafe sevillano, concretamente en el término municipal de Espartinas, a 3 Km. de dicha villa y a 9 de la capital.

Enclavada sobre un cerro con abundante vegetación tiene una superficie total construida de 600 m. en un solar de aproximadamente 4.000. El acceso es fácil, pues casi todo el corto trayecto desde Sevilla se realiza por la autovía A-49 que lleva a Huelva, encontrándose el acceso a la finca, a pie de la carretera que une la localidad de Gines con Espartinas, a 500 m. de la gasolinera de Gines, en la zona conocida como Roalcao.

Dicho proyecto tiene como fin vestirla de lugar de ocio sano, donde las personas de bien puedan ir a tomar un café, una copa, almorzar o cenar al acorde de un piano y al calor de cualquiera de sus tres chimeneas en invierno, o disfrutar de cualquiera de sus dos jardines, junto al rumor y frescor del agua que mana de las cascadas en verano.

Dispondrá de una carpa acondicionada para celebraciones con capacidad para 300 comensales, que harán las delicias de cualquier celebrante dado el entorno natural, que además el Exmo. Ayuntamiento de Espartinas ha tenido el acierto de proteger.

Contará con dos salones para reuniones de empresa o familiares y un aparcamiento privado con capacidad para 65 automóviles.

Atendido por auténticos caballeros y damas, el visitante se encontrará en un ambiente especial, dada la gran fuerza telúrica del lugar.

Como no podría ser de otra forma, el nombre escogido mucho tiene que ver con el Temple : Tercia de San Miguel. Miguel: el único Santo templario que no fue persona, el pesador de almas, el que tras dura batalla y con el dolor por quien fue su Hermano, le arrojó al averno para nunca más salir por su desmesurada soberbia, y que ahora se postra, vencido, a los pies del Arcángel.

 

 

Una vez finalizada la visita a la Tercia de San Miguel, nos dirigimos al Santuario de Nuestra Señora del Loreto, Patrona del Aljarafe y de la Aviación Española. Situado en el mismo término municipal de Espartinas. Comenzó a construirse en el siglo XVI. Se reedificó en 1773, adosándose en este mismo siglo un convento regido por los padres franciscanos. Algunos meses atrás, este comendador mantuvo una entrevista con su abad, el padre Joaquín Domínguez con el fin de contemplar la posible celebración de investiduras en este Santuario, no teniendo inconveniente siempre que fuera permitido por la Diócesis de Sevilla, por lo que no descartamos pedir permiso para otras investiduras posteriores a la que se celebrará (D.m) en noviembre en la Parroquia de San Bernardo.

 

 
 

 

Una vez llegamos, cinco minutos más tarde, llamamos al videoportero. El padre portero nos pregunta que quiénes éramos. A lo cual le respondimos que veníamos “a ver a la Señora”. Nos responde que eran ya las 2 de la tarde. Le dijimos que es que veníamos de Palma de Mallorca para verla, con lo que sin decir palabra, nos abrió. Pasamos a un recibidor grande y fresco, con una cúpula, rodeado de bancos, donde nos mantuvimos durante un par de minutos. Viendo que allí no aparecía nadie, proseguimos hasta una arcada que daba a un patio, más bien un claustro, donde dado que habían pasado ya varios minutos allí nadie aparecía, decidimos hacernos algunas fotografías. Transcurría el tiempo y nadie aparecía; tan solo unos jóvenes frailes franciscanos entraron a toda prisa, quizá hambrientos y apurados por la hora que era, dando las buenas tardes.

 

 
 

Pasaba el tiempo y decidimos girar el pestillo de una pequeña puerta. Tras ella, aparecía todo el esplendor del barroco más puro, en forma de retablo que presidía la Patrona del Aljarafe sevillano: Nuestra Señora del Loreto. Algo desorientados sorprendidos por la confianza en nosotros depositada por la Señora a través de su portero, rezamos brevemente a sus pies, dándole gracias por permitirnos estar allí.

 

 

Nos desplazamos hasta Gines, ya de vuelta a Sevilla, pasada la Tercia, y a quinientos metros de esta. Este pueblo, como todos los del Aljarafe, tiene una marcada tradición rociera. El Rocío es una aldea de Almonte (Huelva), donde cada año se celebra la romería más famosa y populosa del mundo, donde un millón de peregrinos veneran a la Reina de las Marismas, la Blanca Paloma; la Madre del Pastorcito Divino… la Madre de Dios.

 

Vemos al Prior ante una reproducción en cerámica de la Virgen del Rocío en Gines.

 

Allí almorzamos en el “Bodegón–Restaurante El Potro”, nombre dado por el gran amor que nuestro buen amigo Javier siente por estos animales. Una comida a base de pluma a la plancha (parte del cerdo ibérico cercana al lomo), tierna y jugosa como ninguna otra carne, jamón mechado cortado directamente de la pata, jamón y caña de lomo ibéricos, pollo de granja frito al ajillo, y todo ello regado con un buen mosto de la tierra. Nuestro querido Javier no sabía ni quería saber cuánto cobrarnos. Veinte euros creyó justo para aquellos hambrientos Pobres Soldados de Cristo. ¡Gracias Javi !

 

 

Tras descansar, tuvimos reunión con los hermanos que pudieron asistir de la Encomienda que pudieron asistir, ya que unos, por motivos de ausencia de Sevilla u otros por encontrarse trabajando, no pudieron hacerlo. La reunión, a las 20'30, tuvo lugar en el Hotel Ciudad de Sevilla. Tras los cariñosos saludos de quienes ya se conocían y de quienes eran presentados, nos sentamos en círculo mientras tomábamos unos refrescos y unas cervezas. Nos encontrábamos frater + Nicolau, frater + Gelbert, frater +Rafael Camacho, frater +Pascual Gómez-Coronado,a sor +Manuela Hidalgo, y este comendador.

 

 
 

La reunión versó sobre el papel que la Orden del Temple habrá de jugar en un futuro próximo. Se habló del papel que en Europa y América se está desarrollando. De las acciones sociales que nuestro priorato está llevando a cabo. De cómo debe ser el día a día de quien es un pobre soldado de Cristo. Todo ello de una forma coloquial y fraternal, moderada por el prior, que contándonos sus vivencias nos dejó maravillados, incluso a aquellos que ya conocíamos lo que allí contaba. Y es que cuando habla el Espíritu, la razón calla.

Después de cenar, ya en casa, aquella noche nos fuimos tarde a la cama. Comentamos las vivencias del día. Incluso nos reímos de las dificultades que entrañaba el acceso al habitáculo del vehículo de ambos dignatarios del Consejo Prioral.

Teníamos ya prevista la una reunión con el cardenal de Sevilla, Fray Carlos Amigo para las once, por lo que habríamos de salir en taxi, por razones de espacio y de aparcamiento, sobre las diez y media. A las 10'40 salimos en dirección a Palacio, llegando diez minutos más tarde.

 
 
 

Tras la reunión con su eminencia, nos unimos ante las puertas de Palacio a los hermanos +Rafael Camacho y +Pascual Gómez-Coronado. Cruzamos la plaza de la Virgen de los Reyes, donde se encuentran el Palacio y la Catedral y accedimos a la Capilla Real de esta última, y ante la Reina de Sevilla y ante la urna de su Santo Patrón, San Fernando, oímos misa.

 
   
 

Tan solo nos quedaba, ya relajados, dar una vuelta por el centro monumental de Sevilla, ¿y qué mejor para un templario que recorrer el patio de armas del que es el castillo habitable más antiguo de Europa, el Patio de Banderas? Unas fotografías en dicho lugar, con la Giralda como testigo, dan fe de que los templarios reconquistan Sevilla, siete siglos después de su infortunado destino.

 
   
 
Ahora, los templarios miran al futuro con auténtica fe en la Providencia de Nuestro Señor, siempre llevando como confalón el lema que nunca dejarán de gritar a la rosa de los vientos:
 

NON NOBIS, DOMINE, NON NOBIS, SED NOMINI TUO DA GLORIAM

 

Fr. ++ Ignacio García-Diéguez y López

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
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