Siguiendo la
tradición de tantos años, la Hermandad de los
Pobres Caballeros de Cristo del Templo de
Jerusalén, nos reunimos para conmemorar la
festividad de San Bernardo, nuestro patrón, el
de los verdaderos templarios de espíritu,
palabra y obra.
La noche era cálida, despejada
y serena, el cielo poblado de estrellas y en
unión con nuestros queridos hermanos en
Cristo, celebramos una gran cena de
confraternidad; cerca de trescientas personas
nos sentamos en el claustro del monasterio de
nuestro amado San Bernardo, a degustar la
comida que allí nos ofrecieron.
Carnes sazonadas espléndidamente y cocinadas a
la brasa, era el premio a nuestros desvelos
porque la fiesta de San Bernardo saliera lo
mejor posible y aunque sí que es cierto que en
su día, 28 de agosto, hubieron algunos
incidentes, ninguno de ellos se produjo dentro
del recinto del monasterio. Todo el bullicio
ocurrió en la calle, dentro del recinto
sagrado sólo Dios estuvo presente.
Y
durante horas hablamos de la Hermandad, de
nuestras acciones de nuestras ideas y de todo
aquello de lo que solo un hijo de Dios puede
hablar: amor, paz, humildad, perdón, y tantas
y tantas cosas que nos hicieron sentir en
comunión con Dios y con su Evangelio.
Fue una noche cordial, amena, alegre y
tranquila; brindamos al son de las gaitas, los
tambores y las flautas, y todo ese ambiente
musical y festivo nos llevó a sentirnos como
cuando nuestros Hermanos Mayores paseaban por
este claustro. Finalizamos ya de madrugada y
todos, felices y contentos, nos retiramos a
descansar de tan maravillosa reunión.
Demos Gracias al Señor y en la tierra paz a
los hombres de buena voluntad.
"Entonces dirá el Rey a los que están a su
derecha: Venid, benditos de mi Padre, tomad
posesión del Reino preparado para vosotros
desde la creación del mundo. Porque tuve
hambre, y me disteis de comer; tuve sed, y me
disteis de beber; peregriné, y me acogisteis;
estaba desnudo, y me vestisteis; enfermo y me
visitasteis; preso, y vinisteis a verme. Y le
responderán los justos: Señor, ¿Cuándo te
vimos hambriento y te alimentamos, sediento y
te dimos de beber? ¿Cuándo te vimos peregrino
y te acogimos desnudo y te vestimos? ¿Cuándo
te vimos enfermo o en la cárcel y fuimos a
verte? Y el Rey les dirá: En verdad os digo
que cuantas veces hicisteis eso a uno de estos
mis hermanos menores, a mí me lo hicisteis.
Y dirá a los de
la izquierda: Apartaos de mí malditos, al
fuego eterno preparado para el diablo y sus
ángeles. Por que tuve hambre, y no me disteis
de comer; tuve sed, y no me disteis de beber;
peregriné, y no me acogisteis; estaba desnudo,
y no me vestisteis; enfermo y no me
visitasteis; preso, y no vinisteis a verme.
Entonces ellos responderán diciendo: Señor,
¿Cuando te vimos hambriento o sediento, o
peregrino, o enfermo, o en prisión, y no te
socorrimos? Él les contestará diciendo: En
verdad os digo que cuando dejasteis de hacer
eso con uno de estos pequeñuelos conmigo
dejasteis de hacerlo. E irán al suplicio
eterno, y los justos a la vida eterna."