Cuando
los hermanos llegamos, procedentes de distintos
lugares, el recibiendo fue extraordinario,
tanto por Fr.+Nivardo, como por su familia. Nos
sentimos tan acogidos, con tanto cariño y muestras
de alegría, que me enternezco y no puedo evitar
sonreír al recordarlo.
Antes
de acompañarnos al alojamiento que nos habían
reservado, Fr.+Nivardo nos mostró la Basílica, con un magnifico retablo de
estilo barroco en el altar mayor, donde destaca el
Palio donde se guarda el Sagrario. Realmente, nos
sentimos sobrecogidos; es un lugar muy especial.
Luego
fuimos a cenar con su futura esposa y unos amigos
a un agradable establecimiento, donde
permanecimos hablando y riendo hasta bien entrada
la noche. Lo cierto es que Fr.+Nivardo había
hablado tanto de los templarios, que toda la
población deseaba conocernos.
El
siguiente día amaneció radiante, el Señor estaba
de nuestro lado para tan magno acontecimiento. Los
hermanos, Fr.+Guillermo, Sor.+Núria y yo, nos
apostamos a la entrada de la iglesia a la espera
de la comitiva, vestidos de gala con el manto
templario.
En
aquellos lugares aún pervive la curiosa y
ancestral costumbre de que el novio vaya a buscar
a la novia a la casa de ésta y desde allí recorren
todo el pueblo juntos, seguidos de los invitados a
la boda, hasta llegar a la iglesia, para celebrar
la ceremonia nupcial.
Cuando
llegaron a la iglesia, los hermanos nos pusimos en
formación de firmes en el pasillo de la nave
central, para honrar la entrada de los novios,
haciéndoles la salutación de rigor.
En el
altar se hallaba expuesta nuestra enseña; el
besante destacaba resplandeciente a la vista
de todos. Durante la ceremonia, los hermanos nos
situamos a ambos lados, flanqueando el altar,
dejándose ver la roja cruz Quíntuple resaltando
sobre el blanco inmaculado del manto templario.
Lo más
bello y emotivo fue el saludo al Señor que ofreció
el Fr.+Guillermo durante la Consagración,
rindiendo el besante; todos los invitados
quedaron profundamente conmovidos ante ese acto de
humildad.
Concluyendo la ceremonia, se leyó una misiva en
representación de la Hermandad y en nombre del
Maestre, felicitando a Fr.+Nivardo, su esposa y
familiares por tan feliz acontecimiento.
A la
salida, se formó un arco marcial compuesto por la
espada y el besante, por donde pasaron los
recién casados, cumpliendo así el protocolo
exigido para tan alto dignatario de la Orden del
Temple.
Fue,
realmente, un acto lleno de vida, cariño y
plenitud espiritual, propio de nuestro sentir
templario, donde se mostró, esta vez, en tierras
de Cuenca.
Nos marchamos llevando en el
corazón el recuerdo de la familia de Fr.+Nivardo,
que con tanto cariño, hospitalidad y bondad nos
recibió, a los que recordaremos de por vida. Que
el Señor les bendiga.