Trece de Abril de dos mil seis de la era de Nuestro Señor
Hermanos de la orden del Temple, hoy como hace setecientos años, los Pobres Caballeros de Cristo volvieron a hacer su salida en la procesión de Jueves Santo, con Cristo sobre sus hombros, como siempre hicieron, como siempre harán, y como nunca han dejado de hacer. Pues los Caballeros de la blanca Milicia nunca han dejado de llevar a Cristo en sus vidas. Hoy, lo que siempre hemos llevado gravado en nuestra alma lo hemos podido representar en la localidad de Alcobendas, localidad a la cual siempre estaremos agradecidos, tanto por el trato de todas las personas que se acercaron a contemplar la procesión, como a los propios cofrades, y como no, en especial, al presidente de la cofradia el señor Antonio Medina.
Hoy el alma del Templario puede ya descansar pues hemos podido exteriorizar nuestro mas profundo sentir, COMPARTIR EL SUFRIMIENTO DE NUESTRO SEÑOR EN NUESTRAS PROPIAS CARNES, sentir aunque sea una parte insignificante de su sufrimiento es compartir con el Señor y por el Señor, debemos de dar gracias a Dios por darnos una gota de sudor por su hijo.
La imagen es para gravarla en nuestras mentes, mantos sagrados..., caras de hombres dispuestos a ser mártires por Dios..., sin gestos..., sin quejas..., doloridos..., sufrientes..., pero con el corazón unido al de nuestro Señor..., dispuestos a derramar nuestra sangre por el que la derramó por nosotros..., firmes..., en una palabra TEMPLARIOS, caballeros deseosos por estar unidos a nuestro Dios, Caballeros que ofrecen su hombro..., sus fuerzas..., su corazón..., su sufrimiento, corporal y espiritual, por un hombre, por un rey, por un dios, nuestro Hombre, nuestro Rey, nuestro Dios.
Las gentes no podían disimular la cara de asombro y de perplejidad, al contemplar tan singular y añorada escena, y muestra de ello fueron las distintas personas que se acercaron al finalizar la procesión, a preguntar e interesarse por el sentir y existir en la actualidad de la querida y admirada orden.
Hermanos, debemos ser conscientes, pellizcarnos, para despertar de el día de hoy, y del hecho, nuestro nombre pasará a la historia, a la nueva historia que nunca se dejó de escribir, pero que a partir de hoy se escribirá con letras de distinto color, con color mas brillante, con color mas alegre, igual que la cara del hijo al ser reconocido por el padre que acaba de saber de su existencia. Hermanos los afortunados compartimos el sentir de dolor de los que no pudieron asistir a tan grande evento, transmitimos nuestra solidaridad para con ellos, pues sabemos que un hemano templario siempre quiere estar al lado de sus hermanos y de nuestro Señor.
Hoy nos acostamos sin todavía ser conscientes de lo ocurrido, pero pensando ya en el mañana, pues la ocasión de llevar a Cristo clavado en la Cruz es nuestro alimento diario en nuestra alma durante toda nuestra vida, mañana será representado en la calle. Llenos de ilusión e impaciencia por tal motivo, vamos a rezar para que Dios nos dé una noche tranquila o una muerte Santa y por ello le decimos:" Dame, Señor un lugar de refugio y un lecho de descanso en la llaga de tu corazón. Sea ella el puerto de mi salud, el sanitario de mi oración, el imán de mis amores y mi consuelo, aliento y esperanza en la vida y la muerte, por que en mi durísimo pecho es donde se encuentra el corazón depravado de donde salieron los pecados que han puesto en esa cruz a mi Señor y Redentor. Heriré, pues, mi pecho con golpes de amor y de dolor, para que merezca algún día en aquella tu gran cena, como tu amado discípulo, reclinarme sobre tú corazón sacratísimo."
Catorce de Abril de dos mil seis -VIERNES SANTO-
Hoy sobre las tres de la tarde... el cielo se oscureció... el templo se rasgó... los muertos deambulan por las calles... y esque hoy nuestro Señor Jesus Cristo... a muerto.
Los Caballeros Templarios son verdadera imagen del sentir del cristiano en este día, con el corazón apenado, el desconsuelo del niño huérfano es su mirar, la tristeza viste sus almas, y el blanco de su sagrado Manto contrasta con la lugubrez de su semblante.
Hermanos hoy sobre los hombros llevamos a Nuestro Señor muerto en la Cruz, hoy nuestro Señor ha cumplido su misión humana, hoy nuestro Maestro ha sido sacrificado en un madero como un delincuente. Y nosotros, los Templarios, como no podía ser de otra manera lo elevamos sobre todo hombre o mujer que hay sobre la faz de la tierra, hoy enaltecemos a un justo ajusticiado, hoy cargamos con su sacrificio sobre nuestros hombros, porque él cargó con todos nosotros.
Hoy todo cristiano está de luto, hoy todo templario llora amargamente, pues todo se ha cumplido. Alcobendas, está impregnada del desconsuelo del alma templaria, hoy Alcobendas viste sus balcones con crespones negros, sus mujeres y hombres le cantan al Señor de señores su penar, son saetas... son llantos cantados, son sentimientos desgarradores del alma, ante la muerte del Dios de la vida.
Los Templarios portan en silencio al Rey de reyes crucificado, el silencio es sepulcral... hay lágrimas... de hombres y de mujeres, de niños y mayores, hasta los ángeles derraman sus sentimientos en forma de lluvia, es como si no quisieran que sucediese, el llanto de los ángeles nos impide prolongar la representación de lo que pasó hace mil novecientos setenta y tres años, y como entonces, el cielo negro... la lluvia... los truenos... como aquel entonces, pero también como cada VIERNES SANTO de cada año. Todo lo creado hace honor al Creador, y como no, también su blanca Milicia, pues cada semana santa siempre habrá un Templario que lleve a Cristo en su hombro, siempre habrá un Templario que sufra por su Dios... en cada semana santa siempre habrá un Templario que llore, un Templario que abraze con Cristo, su Cruz y Nuestros pecados, pecados por los que dió su vida Nuestro Señor, que honor poder sentir ese peso y cargar con él hasta el Calvario, sabiendo que en nuestro sentir hubiéramos deseado, poder sufrir con él todo cuanto sufrió Él por nosotros y ser dignos de poder beber con Nuestro Señor el Santo Cáliz del Padre y poder decirle: ¡Señor mío Jesucristo, colgado con duros clavos en un madero por mi amor! Señor, ¿ Quien semejante a Ti? ¿Quién semejante a Ti en el dolor del cuerpo, quien semejante a Ti en el amor del corazón? Señor, ¿Quién semejante a Ti en el abatimiento, quien semejante a Ti en la majestad? ¿Quién semejante en la flaqueza, quien semejante en el poder? ¿Quién semejante en la ignominia, quien semejante en la gloria? Iré, pues, al monte de la mirra, y veré esta visión grande. Repararé en tu rostro, mi Jesús, te miraré bien y haré según este ejemplar que se me ha mostrado en el monte, para que padeciendo contigo y muriendo en el monte Calvario, suba contigo al monte de la Gloria...