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CRÓNICADE LA GIRA TEMPLARIA POR HISPANOAMÉRICA

 

 

De 1 al 10 de Febrero de 2005

 

«Oíd: He aquí, el sembrador salió a sembrar, y al sembrar, aconteció que una parte cayó junto al camino, y vinieron las aves del cielo y la comieron. Otra parte cayó en pedregales, donde no tenía mucha tierra; y brotó pronto, porque no tenía profundidad de tierra. Pero salido el sol, se quemó; y porque no tenía raíz, se secó. Otra parte cayó entre espinos; y los espinos crecieron y la ahogaron, y no dio fruto. Pero otra parte cayó en buena tierra, y dio fruto, pues brotó y creció, y produjo a treinta, a sesenta, y a ciento por uno. Entonces les dijo: El que tiene oídos para oír, oiga.» (Marcos 4, 3-9)

 

La partida de Mallorca

A las seis de la mañana de un frío día 1 de febrero del 2005 suena el despertador en la casa familiar del bailío de Hispanoamérica fr. +Vicente Castro. Él ya lleva más de una hora despierto, pero la consideración le hacía dejar que su esposa Marian soñase abrigada en la tibieza de las sábanas. El sonido del reloj fue como un toque de diana en un día de fiesta y sin más la emoción del momento hace que se levante de un salto, preparado para comenzar una jornada, prevista desde hacía semanas, para la que había estado trabajando intensamente junto con el hermano prior fr. +José Miguel Nicolau

La actividad en la casa era frenética; el bailío miraba y miraba el reloj pues sabía que no podía olvidar ningún detalle y el tiempo se le echaba encima. El prior esperaba y él tenía la responsabilidad de hacer que todo funcionase sin problemas. El viaje que junto con su excelencia emprendería era de vital importancia para la Orden del Temple.

Con el auto del hermano sargento Juan Diego recogieron al prior en la casa del hermano consejero prioral fr. +Miguel Castilla y comenzaron una marcha en silencio, rota de vez en cuando por frases entrecortadas pero con una idea en común: la responsabilidad del Temple. «¿Has cogido los sables?». «Sí, prior; y vos, ¿lleváis los brevet?». «Sí, hermano bailío».

Ya en el avión, ambos dignatarios del Temple se dan cuenta de que los asientos no estaban preparados para recibir a una figura tan corpulenta como la el prior; su cuerpo de guerrero templario, fornido y enorme chocaba con el delicado raso de los asientos; sus piernas musculosas «no sabían» como colocarse para dar comodidad a sus pies… Así, el hermano bailío, sintiéndose incómodo, viendo el mal momento que su superior estaba pasando, solicita a una azafata un poco de clemencia para su prior. «¡Señorita! ¿No habría forma de que el prior pudiese tener dos asientos?». Ella, viendo la dificultad que su excelencia tenía para sentarse, lo mira con cariño y responde: «Creo que nos sobra uno». Así, el hermano prior se puede colocar en un lugar en donde durante todo el viaje y gracias al buen corazón de la azafata pudo descansar y prepararse mentalmente para la gran batalla que le esperaba.

En México

Doce horas dura el viaje hasta México D. F. Pasadas las seis de la tarde, hora local, en la salida de vuelos internacionales aguarda a los dignatarios llegados de España un eufórico fr. +Roberto Ángel Molinari Kroquer, comendador de la Orden en México, acompañado de su esposa Irma, así como de su padre el hermano fr. +Ricardo Molinari. Después de los saludos de rigor, toda la comitiva se dirige al hotel con una misma idea: la primera ceremonia de investidura de caballeros templarios en México y la gran responsabilidad que suponía afrontarla.

El programa que el comendador de México había diseñado no dejaba duda de su gran potencial como organizador de la nueva milicia templaria en la República de México. Previstos hasta los más nimios detalles, esperaban a los dignatarios un gran número de actividades entre visitas de cortesía, supervisión de actos y entrevistas con autoridades, todo ello dentro de un programa que culminaba con la ceremonia de investidura como colofón final a su estadía en tierras aztecas.

El primer acto oficial fue la presentación del prior y el bailío a los hermanos, futuros caballeros de la Encomienda de México, por parte del comendador fr. +Roberto Molinari, acto que tuvo lugar con una solemnidad y protocolo al más puro estilo caballeresco. A la presentación del comendador, respondió posteriormente el prior agradeciendo la bienvenida recibida y augurando una ceremonia digna del incomparable marco en donde se habría de celebrar: la basílica de Nuestra Señora de Guadalupe.

jueves, día 3 de febrero. Los dignatarios del Temple mantienen una entrevista con el reverendo padre José Ortiz, secretario del cardenal primado de México, su eminencia Norberto Rivera, el cual se encontraba en Roma a causa de la grave enfermedad que padecía el Santo Padre.

El secretario recibe al prior, al bailío y al comendador en el palacio cardenalicio, en una hermosa sala presidida por unos maravillosos óleos de Nuestra Señora de Guadalupe y de San Juan Diego, los cuales envolvían la estancia de un halo de fervor mariano digno de la entrevista que iba a tener lugar. Después de las presentaciones de rigor, el prior da comienzo a la entrega de credenciales [credenciales de prelados y sacerdotes de España facilitadas por el visitador magistral fr. +Luis Gómez San Martín] y a la exposición de los actos previstos por los caballeros templarios en la Ciudad de México.

El secretario cardenalicio escuchaba sin decir una palabra, pero el brillo de sus ojos denotaba un gran interés por la Orden del Temple, algo que llenó de satisfacción al prior. Ello le animó a dar una clase magistral de historia templaria, la cual dejó boquiabiertos y visiblemente admirados a los presentes por el gran conocimiento del que hizo gala el prior en una exposición que duró casi una hora.

El padre José Ortiz se levanta entonces para ordenar que le fotocopien unos documentos y, ¡sorpresa!, de entre sus papeles asoma un libro… Pero no es un libro cualquiera, no; ¡es un libro sobre el Temple!, lo que evidencia ante los templarios presentes que su interlocutor es un hermano de la Milicia de Cristo; y aunque en esos momentos el sacerdote no lo sepa, su conocimiento, interés y admiración hacia la Orden del Temple le hacen ya de por sí merecedor del inmaculado manto templario. De esta forma, el secretario cardenalicio deleitó a los caballeros templarios con sus comentarios, en un magistral mano a mano con el prior.

Horas podrían haber estado el bailío y el comendador escuchando al prior Nicolau y al padre Ortiz, si no es por que ambos tenían más cosas que atender. Y así, el secretario del cardenal primado de México, uno de los purpurados más relevantes de la Curia, no sólo ofreció al prior toda su colaboración para la investidura, sino que él mismo sugirió la emblemática basílica de Nuestra Señora de Guadalupe para realizar la investidura templaria.

Acompañados hasta la calle por el padre Ortiz, marcharon los tres caballeros templarios llenos de gozo por el magnífico resultado de la entrevista.

Llegados a la casa del comendador, al poco se recibe una llamada del padre Ortiz ofreciendo su casa particular para volver a charlar, al día siguiente, con los tres dignatarios del Temple.

El ofrecimiento halagó a los templarios, más aún cuando se les comunica que el líder de la congregación de los Cruzados de Cristo Rey estaría presente en la reunión. Así terminó un día lleno de esperanza y fuerza moral, dando gracias a Dios y a la Virgen por los favores concedidos.

Al día siguiente, los hermanos templarios de México obsequiaron al prior y al bailío con una visita a las pirámides de Teotihuacan. Allí, el bailío hace que el prior suba a lo alto de la pirámide del Sol y coloque su dedo índice en la «plaquita de energía» que se encuentra situada en el vértice de la misma. Quiere con ello bailío que el prior se encuentre en forma para los días que se avecinan. Hubo comentarios sobre lo hermoso que sería celebrar una ceremonia de investidura en las pirámides y sobre lo bien que quedaría una foto de hermanamiento con los caballeros mexicas. También se hizo mención a la admiración que todos los presentes sentían por un pueblo tan culto y valiente como fueron los mayas, una civilización sobre la que cada vez se sabe más de su pasado y de su disciplina místico-guerrera.

 

A última hora de la tarde los dignatarios del Temple se reunieron con el padre Ortiz y con el padre José A. Cerdá, de los Cruzados de Cristo Rey. En la casa particular del secretario cardenalicio, y ante un humeante café, los reunidos intercambian conocimientos sobre el Temple y su devoción a la Santísima Virgen. Se comenta también sobre la cantidad de cosas que se pueden realizar en pro de los necesitados y las nobles causas.

La reunión sienta las bases de lo que habrá de ser el nuevo Temple en tierras mexicanas.

 

Sábado, 5 de febrero. Por fin llega el día señalado. Un sol radiante recibe a los templarios, dando la bienvenida a la ceremonia que por primera vez en México se va a realizar. Ese sol evidencia que Nuestro Señor Jesucristo acompaña a quienes todo lo que hacen es para dar gloria a Su Nombre. El día y el escenario evocan el gran triunfo solar y mesiánico de Cristo. Los templarios de México son llamados a iniciar una nueva cruzada capitaneados por Nuestra Señora de Guadalupe.

A primera hora se reúnen el prior, el bailío y el comendador en el antiguo convento de las Capuchinas, a fin de preparar la ceremonia. A las dos en punto, en la sala de armas, con el bausante en alto, se comienza la ceremonia con los caballeros, las soror y una escudera. En total veinte hermanas y hermanos llenos de ilusión, nerviosos y con el corazón exultante porque van a ser iniciados en el Templo, porque van a recibir la investidura caballeresca y porque van a ser hermanados en la Milicia Crística y Mariana.

Durante la vela de armas, el bailío fr. +Vicente Castro dirige a los hermanos unas reflexiones y los exhorta a seguir siempre adelante, sin desfallecer. Los invita a cuidarse de las asechanzas del diablo que siempre está rondando, recordándoles que con fe en Nuestro Señor Jesucristo y en la Virgen Santísima nunca habrán de temer nada.

Terminada la vela de armas, uno a uno fueron pasando a la capilla de ordenación. Primero una soror, «la primera de México». Sor Beatriz, orgullo para su nación, predispuesta, con fe, con paso firme y sin dudar jura su permanencia y fidelidad a la Orden del Temple. Así, uno a uno hasta la llegada de la escudera, la joven Abigail. Todos con la mirada expectante y henchidos de fe; orgullosos de su comendador, fr. +Roberto Molinari, fueron pasando por la capilla de ordenación. Finalizada la ceremonia, el prior, el bailío y el comendador se dieron la enhorabuena.

Cansados pero con gran satisfacción, los tres dignatarios se acercaron al patio del convento para saludar a los recién investidos caballeros y soror del Templo de Jerusalén.

En el patio, entre saludos y fotos, dando muestras de una enorme alegría, se colocan los templarios en formación para el desfile y jura de bandera. Con orden y disciplina militar, en un silencio absoluto sólo roto por la voz de mando de su comandante fr. +Roberto Molinari, los templarios mexicanos rinden homenaje a los símbolos de la Milicia de Cristo: la espada, la cruz y el bausante; atributos que se alzan majestuosos ante los caballeros y los invitados presentes. Poco después, en formación y con la cruz en cabeza, desfilan en columna de a uno con el comendador al frente. Tras dar el alto ante la enorme estatua de Juan Pablo II situada frente a la basílica de San Juan Diego, se realiza una ofrenda floral por la salud del Santo Padre. La joven escudera Abigail, escoltada por el prior y el bailío, tuvo el honor de depositar la ofrenda en representación de los caballeros templarios de México.

Terminado este acto, todos en formación se dirigen a la basílica de Ntra. Sra. de Guadalupe, Patrona de la Nación mexicana y lugar de peregrinaje de los hispanoamericanos. En la basílica nos espera una agradable sorpresa: el secretario de S. E. el cardenal primado de Mexico, padre Ortiz, es el oficiante de la Eucaristía y testigo directo de la primera ordenación templaria en México.

Bajo el bausante templario y la bandera mexicana y cubiertos todos por el manto de Nuestra Señora de Guadalupe y Su Hijo Nuestro Señor Jesucristo, comienza la Santa Misa con la basílica a rebosar de fieles; una solemne ceremonia digna del templo en donde se celebra. Unas palabras del padre y una arenga del prior hacen que la iglesia vibre de fervor cristiano y templario. El prior, bajo la atenta mirada del pater y del bailío, nombra caballeros templarios a los primeros mexicanos. La Virgen de Guadalupe y Su Hijo, Nuestro Señor, han sido testigos directos de ello. Nunca mejores testigos fueron señalados para estos primeros caballeros templarios de México. El pater da fe de ello.

Terminada la ceremonia, el bailío, fr. +Vicente, a una orden del prior recoge una manto templario y lo coloca en los hombros del pater. Mientras, el hermano prior recita la fórmula con la que le nombra caballero de honor del Capítulo de México, a lo que el padre agradece y expresa su obediencia a la Milicia Crística del Temple.

Todos felices y con los mantos ondeando al viento, salen de la basílica con la admiración de los curiosos y amigos. Muchos son los que se acercan a preguntar por la forma de integrarse en la Orden y todos ellos son envidos ha consultar al comendador de México fr. +Roberto Molinari, que radiante responde meticulosamente a sus preguntas.

Seguidamente, todo el grupo se dispone a celebrar la cena de gala y hermandad que los hermanos templarios mexicanos tienen preparada en el restaurante «Club Los Leones», cena de confraternización y alegría en la que, después de unas palabras del comendador de México y del prior internacional, se procede a la entrega de reconocimientos y brevets. Posteriormente, el bailío procede a nombrar a los caballeros fr. +Roberto Molinari Kroquer como oficial 1º de reclutamiento, fr. +Omar Mata como arcarius (tesorero) y fr. +Francisco Dorantes como cronista del Bailiazgo de Hispanoamérica.

Todos los presentes, en pie, brindan por la Encomienda de México y pronuncian las palabras sagradas de los caballeros templarios: NON NOBIS, DOMINE, NON NOBIS SED NOMINI TUO DA GLORIAM.

Terminada la noche, el prior y el bailío denotan en sus rostros el cansancio. Ha sido una dura jornada, pero se sienten felices y satisfechos. Al día siguiente viajarán a Chile.

En Chile

El avión tardó diez horas, pero la alegría de lo vivido en México hace que el cansancio sea mínimo. Aún sin dormir, la ilusión embarga al prior y al bailío y no tienen tiempo para notar «las quejas» que emiten sus músculos tensos. No hay tiempo para lamentaciones.

A las once de la mañana del día 6 de febrero aterriza el avión en el aeropuerto de La Serena. Allá, el comendador de Chile, fr. +Claudio Orlando Chinchón Rojo, acompañado de fr. +Alejandro J. Román Molinas, canciller del Consejo del Bailiazgo de Hispanoamérica y preceptor de Caacupé (Encomienda de Paraguay), esperan impacientes a los embajadores del Priorato Internacional Templario.

Otro programa bien organizado les espera, pero, no hay tiempo que perder: el obispo, monseñor Gleiser, los espera en el palacio cardenalicio. El cardenal primado, como es de prever, se encontraba en Roma por la enfermedad del Papa. Sin dormir ni una hora, sin haber descansado, solamente con el tiempo justo para lavarse un poco en el hotel, los dignatarios del Temple ya están preparados para la presentación de credenciales a monseñor. Con paso decidido, el prior y el bailío, junto con el comendador de Chile, fr. +Claudio Chinchón, y el canciller del Consejo del Bailiazgo de Hispanoamérica, fr. +Alejandro Román, se dirigen a visitar a monseñor Gleiser. El obispo los recibe con cortesía y escucha pacientemente la exposición que hace el bailío fr. +Vicente Castro. Éste le hace entrega de documentación y credenciales, así como del nombramiento del comendador como responsable de la Orden en Chile. Se sugiere también a monseñor Gleiser acepte el reconocimiento de guía espiritual y caballero de honor de la Orden del Temple en Chile, a lo que monseñor responde que su ayuda siempre la tendrá la Orden para mayor gloria de Dios. Después de una conversación sincera con el obispo, los templarios se despiden, no sin antes emplazarse a una próxima entrevista entre monseñor Gleiser y el comendador templario de Chile, al objeto de concretar la colaboración mutua entre la Iglesia chilena y la Orden.

Lunes, 7 de febrero. El sol también brilla en Chile, en un día en que los futuros caballeros templarios chilenos serán investidos y jurarán obediencia a la Orden del Temple de Jerusalén.

En la capilla de la iglesia de San Juan Bautista, bajo el estandarte de la Orden, velan las armas los caballeros chilenos. Como siempre, orden y disciplina, fe y devoción, caballerosidad y sacrificio, es lo que caracteriza estas ceremonias. Todo ello hace que estos momentos sean siempre emocionantes, únicos y especiales, aunque se vivan muchas veces.

Después de la vela de armas, juran en ceremonia privada los nuevos caballeros. Posteriormente, en la iglesia, presidiendo el acto el manto de la Virgen María y la imagen de San Juan Bautista flanqueados por el bausante templario y la bandera chilena, reciben su nombramiento ante Dios los caballeros templarios de Chile.

Posteriormente, en unas palabras del sacerdote que oficia la ceremonia religiosa, se exhorta a los nuevos caballeros a seguir luchando en pro de la fe cristiana. Estas palabras hacen vibrar a los fieles presentes y las lágrimas asoman a los ojos de más de un aguerrido caballero. La emoción del momento embarga a todos los presentes.

   

 

Seguidamente, como en otras ocasiones, una cena de gala y hermandad en el Restaurante Dunas de Morrillo, en donde en un bonito gesto fr. +Alejandro Román promovió un acto de hermanamiento con Chile, ofreciendo la bandera de Paraguay a fr. +Claudio Chinchón para que presidiese tan emotivo instante.

Durante la cena y después de las palabras del comendador de Chile, el bailío nombra sargento mayor del Bailiazgo de Hispanoamérica a fr. +Claudio Chinchón, recibiendo el cargo con emoción y para mayor gloria de Dios y servicio al Temple. Promete el comendador chileno trabajar sin descanso por el bien de la Milicia Crística en América, siempre que su prior se lo mande en beneficio de la Orden.

Otra misión más se ha cumplido. El día 8 de febrero, cumpleaños del bailío, el avión lleva a los embajadores del Temple a Perú. Son ocho horas de viaje agotador, pero con renovadas ilusiones.

En Perú

A la bajada del avión, en la puerta de vuelos internacionales, el comendador de Perú, fr. +Ramiro Alonzo Gómez Salas, acompañado de su senescal, fr. +José Francisco Callo Romero, aguardan al prior y al bailío. Éstos están muy agotados, pero con ansias de ver a sus hermanos del Perú.

Era tarde, pero no había tiempo que perder. El comendador de Perú esperaba órdenes del prior.

El programa, como ya era costumbre, estaba bien confeccionado y lo primero que había que atender era la visita al representante eclesiástico.

A la mañana del día 9 de febrero, sin tiempo para el desayuno, están esperando el hermano comendador de Perú, fr. +Ramiro Gómez y el hermano senescal, fr. +José Francisco Callo, ambos vistiendo traje oscuro y corbata, lo cual supone un suplicio ante los más de treinta grados a la sombra que se respira en la calle. «¿Qué tenemos hoy?», pregunta el prior. «Primeramente visita al arzobispado y después visita al vicepresidente del Congreso de los diputados», responde el comendador. Sin tiempo para contestar, ya se encuentran viajando en un auto por las calles de la ciudad de Lima.

La llegada al arzobispado es rápida, pero les espera la sorpresa de que el cardenal está en Roma. La comitiva templaria es recibida por la secretaria. El hermano prior entrega sus credenciales y le expone los motivos de la visita a Perú, esperando que se lo transmita a su eminencia. La secretaria solicita al prior y al bailío que se queden unos días más en Perú, si ello es posible, para poder realizar la entrevista con el cardenal, a lo que el prior responde que es imposible, pero que el comendador fr. +Ramiro Gómez aceptaría encantado en su nombre.

Posteriormente, el comendador ordena al chofer ir a visitar al vicepresidente del Congreso de los diputados. Así pues, tras recorrer unas calles de Lima calurosas en donde se agradece el aire acondicionado del auto, la comitiva templaria se presenta delante del majestuoso palacio del Congreso, un edificio colonial enorme y fastuoso. Allí, tras varios controles policiales, los templarios son recibidos en primer lugar por la secretaria del Congreso, acompañándolos sin dilación al despacho del vicepresidente.

 

El señor vicepresidente no hace esperar a sus visitantes, y lo primero que comenta después del saludo de rigor es: «¡Yo desciendo de españoles!, de Galicia para más exactitud». Eso da pie al prior para hablar sobre Santiago de Compostela, sobre la Ruta Jacobea y sobre los hermanos templarios de Galicia, el padre fr. +Antonio Gómez Rojo, de la diócesis de Ourense, y el visitador magistral, fr. +Luis Gómez San Martín, así como de los obispos gallegos que son «grandes cruces» de la Orden. Posteriormente, el vicepresidente del Congreso de los diputados de Perú acepta hacerse unas fotografías con los templarios y los agradece su visita, ofreciéndoles todo el apoyo que necesiten en Perú y que él pueda ofrecer. A la salida, los periodistas del Congreso de los diputados hacen una entrevista al prior, que posteriormente saldría publicada en el Boletín del Senado que se edita mensualmente.

El día 10 de febrero es el día clave para el Perú, es el día en que los futuros caballeros templarios peruanos han estado esperando desde hace más de seis meses. Diez caballeros y una escudera esperan ansiosos su investidura en la Orden del Temple.

Un salón de congresos decorado con el bausante templario y la bandera de Perú, presididos por un soberbio crucifijo, sirve de estancia para la vela de armas. Allí, los caballeros se reúnen en silencio, meditando sobre el paso que van a dar. El bailío les dirige unas palabras, haciéndolos reflexionar sobre el compromiso que van a aceptar… Los caballeros escuchan con atención y asienten conscientes de algo meditado con antelación.

Pasada la vela de armas, la ceremonia se efectúa en la paz del Señor, para posteriormente desplazarse en comitiva a la iglesia de San Judas Tadeo, en la que todos, en hermandad caballeresca, celebran la Sagrada Eucaristía y reciben la Comunión en gracia de Dios.

 
 

La cena de gala y hermandad es emocionante, pues, presidida por las banderas peruana y del Temple, se nombra al comendador de Perú, fr. +Ramiro Gómez Salas, como mariscal del Bailiazgo de Hispanoamérica y a fr. +José Francisco Callo Romero como preceptor de dicho bailiazgo, aceptando ambos el nombramiento por el progreso de la Orden en el Perú y en América, así como por la gloria de Cristo y la expansión de la fe cristiana en el mundo.

El prior +Nicolau exhorta a los caballeros templarios peruanos a seguir el camino templario y observar los mandamientos de Dios y de la Santa Madre Iglesia, a lo que fr. +Ramiro, como comendador del Temple de Perú, responde con un «¡a sus órdenes, prior!, somos fieles defensores de la fe cristiana, católicos, apostólicos y romanos; por ello y en nombre de los caballeros y damas aquí presentes, prometo luchar sin descanso por la propagación de nuestra fe y en su defensa allá donde me ordenéis vos y donde pueda ser útil a la Orden».

La noche termina con despedidas alegres y llenas de ánimo. El día siguiente es el último día en Perú del prior y del bailío, pero el trabajo para ellos no ha terminado aún… Al llegar al hotel, un cartel enorme anuncia para el día 11 ¡una conferencia magistral!: «El Temple ayer, hoy y mañana», impartida por el Prior internacional del Temple fr. +José Miguel Nicolau y por el bailío de Hispanoamérica fr. +Vicente Castro. Así que, allí estuvieron los dos caballeros delante de un estrado; el prior habla durante una hora del Temple. Un público expectante escucha y aplaude. Posteriormente, el bailío les habla de la acción social templaria prevista en América.

Al final, el tiempo de preguntas que el público asistente formula a ambos caballeros templarios, se prolonga por espacio de más de media hora. Los templarios demostraron la legitimidad histórica de la Orden con documentación fehaciente (copia de los estatutos de Felipe, duque de Orleans y regente de Francia, entre otros), para todo aquel que quisiera ver y tocar los documentos que el prior portaba para dar fe de quiénes pueden considerarse los más fidedignos templarios, algo que llenó de asombro y perplejidad a los presentes.

 

Al día siguiente, un avión devolvía a Mallorca a un prior y un bailío profundamente cansados pero satisfechos por haber contribuido a la prosperidad de la Orden del Temple y la propagación de la fe cristiana y católica en el mundo.

 

Fr. +Vicente Castro Álvaro

Cronista del Priorato Internacional Templario y bailío de Hispanoamérica

 

 

 

 

 

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
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