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Decimocuarta Investidura en la Hermandad

 

 

19 MAYO DE 2006 DEL AÑO DE NUESTRO SEÑOR

Fecha señalada en el calendario de nuestra amada orden, día especial, día santo para los que tendrán la gracia de entrar a formar parte de la Hermandad de los Pobres Caballeros de Cristo del Templo de Jerusalén

 

VIERNES

A lo largo del señalado día irán llegando las personas que tienen a bien conocer, sentir, acariciar, el sentimiento templario. Cuando las horas pasan, los hermanaos allí afincados, se multiplican para recibir y dar cobijo a los recién llegados. El Sol como caballero deja paso a la luna, esa bella dama testigo de tantas noches románticas y gloriosas, tristes y cariñosas. Cuando esa bella dama nos acaricia con su penumbra, gran parte de los caballeros ya están en una de las ciudades más hermosas donada por el creador. Nos disponemos a cenar, en compañía de nuestras almas compañeras de viaje, cena de hermandad, cena de confraternización, cena para conocer a los postulantes, y estos a los Caballeros veteranos. La noche pasa y las horas vuelan, es hora de recogerse pues mañana es un día cargado de actos importantes, que, no causan gran desgaste en el cuerpo, pero que embotan el alma. Es un día para estar descansado y estar preparado para asimilar todo lo que se nos viene encima, descansemos pues, no sin antes despedirnos con oraciones y salmos a nuestro señor agradeciéndole tal día de gracia, y, poniendo en sus manos el esperado día posterior. Que nuestro cuerpo descanse y nuestra alma se recoja en el silencio.

SÁBADO

El Gran día para los postulantes, pues el misterio, la ilusión y el cumplimiento de un sueño es el contenido de su espíritu, están deseando que llegue el momento de ponerse delante de nuestro señor, están deseando de comprometerse con el mismísimo Dios, a protegerlo a él y a todo lo que él nos legó, están ansiosos de que el manto sagrado con la cruz roja, cubra sus nerviosos cuerpos, quieren ser acariciados por la fuerza y responsabilidad de el manto de un caballero templario, éste, es el contenido del postulante cuando se levanta el Gran día. Para los Caballeros veteranos, saben que deben arropar a sus novicios, saben que en su mano está el hacerlos Caballeros dignos de la orden, y temerosos solamente del alejamiento de nuestro Señor, los Caballeros saben que tienen que intentar que los novicios aplaquen la incertidumbre y eduquen la paciencia y la confianza.

Día Grande, nos levantamos, en nuestra austera (como no podía ser de otra manera), pero acogedora hospedería, entra un sol radiante, un sol que solo se vé en la Isla que tanta gloria dio al Gran Rey S.M. Jaime I el Conquistador, buen augurio, dios nos indica que es el día. El hermano Vicente nos recibe en su casa, allí tendrá lugar la reunión del consejo para toma de decisiones y evaluación de temas a tratar, Mientras tiene lugar la reunión del consejo, el hermano Vicente nos prepara una paella que, después nos daremos cuenta, ¡quita el sentido de los comensales!, lo sentimos por los que no pudieron asistir.

La comida llega a su conclusión y con las últimas cucharadas, la mente de los caballeros vuelven a la faena del futuro próximo, en una hora tendrá lugar la gran ceremonia, todos nos retiramos en silencio y volvemos al hotel para recoger lo necesario para el nacimiento de los nuevos hermanos.

 

     

Son las 18 horas, ya estamos todos en un paraje sin igual, el MONASTERIO DEL SECAR DE LA REAL Y DE SAN BERNARDO, allí encontramos un monumento en memoria del Beato Ramón llull. Los postulantes se dirigen a la capilla, para la vela de armas, el silencio, las velas, unas palabras que conducen nuestro espíritu a la meditación, todos los signos nos acercan a Cristo, todos los olores nos recuerdan a Cristo, y en Cristo pensamos, también en nuestra amada Orden, en el paso que vamos a dar, es un modo de vida dedicada a nuestros hermanos y a Dios.

Uno a uno los hermanos van pasando a realizar el siguiente acto de compromiso y juramento delante de nuestro Señor, y, uno a uno asume sus palabras y sentimientos. El espíritu de nuestros antepasados está en estos actos, la memoria de nuestros mártires está con nosotros, son momentos espirituales, son momentos que nos unen a nuestros hermanos y al todo, son momentos que no se nos olvidarán en la vida, aunque tengamos la suerte de vivirlo 100 veces, cada vez es única, cada rito es el primero y el último, estamos glorificando a nuestros mártires en unión con la Santísima Trinidad.

Siguiente escena, desfile de Todos los caballeros, saludando al Bausant de cada Encomienda, y formando en honor a la Orden. Terminando con las correspondientes fotos de todos los hermanos allí presentes, para recordar aquellos gloriosos actos.

 

 

Nos dirigimos a recordar el sacrificio de nuestro Señor, y allí, durante la eucaristía, delante del santísimo, nuestro amado Prior, da el Espaldarazo a cada postulante, y en nombre de la Santísima Trinidad, lo nombra “Caballero de la SMOTH-GPIT”, “Sargento” o el título que a cada uno le corresponda. Es el colofón, como no podía haber otro mejor, es la guinda de unos actos que invaden nuestra alma.

Con La buena nueva nos dirigimos a descansar e intentar asimilar todo lo vivido, todo lo sentido, todo lo percibido, pero creo que ningún ser humano tiene esa capacidad de absorción espiritual, y si hablamos con cada caballero investido en el día de hoy, podemos asegurar que así es, hasta pasados un par de días, no eres consciente de la belleza interior vivida, del espíritu que reina en el ambiente, tanto en el monasterio, como en el hotel como en los demás actos.

La despedida, en poco tiempo, casi sin dejar descansar nuestro corazón de tantas emociones, llega la hora de la cena del hasta luego, es un acto corto, y triste. Corto, pues después de todo el proceso de investidura a cada uno le gustaría relatar su sentir, su experiencia, compartir sus emociones, sus curiosidades, y, sacar toda esa cantidad de energía en una cena es imposible, y Triste, pues pocas veces, desgraciadamente, tenemos la posibilidad de compartir nuestro tiempo con hermanos, de amarnos, de entregarnos en espíritu al de al lado, Siempre sabe a poco, cada investidura es una alegría y un lamento, es el todo y es la nada, Pero la Oración, la Eucaristía, y nuestro Espíritu nos une, nos une con nuestros hermanos mayores, nos une con nuestros hermanos actuales, y nos unirá en un futuro con nuestros hermanos, cuando nosotros ya no estemos en cuerpo presente, nuestro manto es el manto de la virgen que para todos es nuestra madre y todos estamos bajo su regazo, bajo su manto.

     
 

 
     

Señora nuestra, Madre y Protectora de todos los Hermanos, concédenos la protección de tu oración, concédenos la unión de tu amor, e, intercede por la Hermandad, para que Jesús vuelva sus ojos hacia nosotros, madre del amor, acógenos en tu seno como servidores e hijos tuyos, amén.

Non nobis, Domine, non nobis sed Nomini tuo da Gloriam

 

Fr. + Nivardo de Clairvaux

 

 
 
 
 
 
 
 
 
 
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