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ASPECTOS ECONÓMICO-FINANCIEROS DEL TEMPLE

 

por Dr. Carlos Lacú, del Priorato General de Argentina
Publicado en Res Templi

  1. CONCEPTOS Y OBJETIVOS INICIALES
  2. ORGANIZACIÓN ADMINISTRATIVA
  3. HERRAMIENTAS ECONÓMICAS, FINANCIERAS, CONTABLES
  4. DESARROLLO DE NEGOCIOS TEMPLARIOS
  5. EVOLUCIÓN PATRIMONIAL DE LA ORDEN
  6. HIPÓTESIS DEL DESTINO FINAL DEL PATRIMONIO DE LA ORDEN
  7. ACTUALIDAD DEL ENFOQUE TEMPLARIO EN ASPECTOS ECONÓMICOS, FINANCIEROS Y CONTABLES
  8. CONCLUSIONES FINALES

" Sus cosas no podrán ser comprendidas por la generalidad, solamente lo serán, por aquél pequeño número de aquellos que estarán destinados a preparar, en algún sentido o en otro los gérmenes de un Ciclo Futuro"

René Guénon

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CONCEPTOS Y OBJETIVOS INICIALES
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No hay duda de que la Orden del Temple se identifica con las Cruzadas, cronológicamente nace con la Primera Cruzada y se disuelve cuando se torna imposible el proyecto de la última. A pesar de que la Orden fue oficialmente proscripta y disuelta tengamos muy en cuenta que nunca fue condenada por la misma Iglesia Católica y hoy día, ante la incontestable prueba del Acta Vaticana que la absuelve de todos los cargos imputados en su infame proceso, no podemos negar que vuelven a tomar vigencia muchas de sus motivaciones, aportes a la civilización y al progreso de la humanidad en su más amplio sentido.
Cuando se encara el estudio o al menos se trata de conocer e interpretar a la Orden del Temple encontramos bien definidos cuatro planos:

  • El religioso
  • El histórico-militar
  • El económico-financiero
  • El esotérico o los misterios

De los dos primeros y del cuarto, se han ocupado y se siguen ocupando cientos de eruditos autores e investigadores de diversos países, algunos serios otros no tanto, algunos manifiestamente parciales otros con cierta objetividad. Es evidente que está lejos de mí, entrar a opinar o pretender siquiera explayarme en estos aspectos a los cuales mi intelecto, a causa de mi formación universitaria economicista, respeta en grado superlativo. Por lo tanto en esta charla de amigos, me parece demasiado pomposo llamarla "clase", trataré de comunicarles mi limitados conocimientos de los aspectos económicos y financieros que rodearon la actividad de nuestra querida Orden del Temple en los increíbles 200 años de existencia que podemos denominar "oficial".

Como todo estudio de los Templarios siempre nos vamos a encontrar con un terrible vacío de documentación; muchos de estos testimonios escritos desaparecieron o fueron destruidos. Muchos hechos y acontecimientos difícilmente puedan demostrarse con documentación fehaciente, sería por casualidad que se pudieran encontrar documentos secretos y menos los que jamás se hicieron públicos, sobre todo aquellos que los Templarios hubieran escrito para manifestar intenciones o planes de gran envergadura. Es por ello que debemos basarnos en la realización de trabajos de hormiga, recorriendo ingente bibliografía, haciendo un seguimiento muy parecido al de Sherlock Holmes y sacando conclusiones basándonos en indicios y deducciones. Y muchas veces, también como en el caso de este personaje, nos pasa de tener la solución a la vista y nos perdemos en lo más simple o evidente.

También es interesante acotar que, cuando se emprende una investigación que afecta hechos históricos o del pasado de la humanidad, no siempre los temas estrictamente históricos o quienes son los eruditos en esta materia, son los que pueden abrirnos los ojos de lo que realmente sucedió y por qué. Muy a menudo la Historia necesita reunir otros conocimientos, otras disciplinas, a veces muy ajenas a la misma Historia, para sacar conclusiones y establecer verdades que por sí sola, la Historia no podría llegar a desentrañar.

Mucho se ha hablado y escrito aseverando que los Templarios fueron artífices de su propia decadencia al olvidar sus famosas Reglas y su objetivo primordial de la defensa de Tierra Santa, y fueron víctimas de su codicia y de un manejo interesado de sus inmensas riquezas.

Es evidente que si es difícil aceptar el concepto monjes-soldados con la aparente contradicción de sus términos, imagínense como deberíamos pensar en monjes-banqueros.

Pero si tenemos en cuenta sus objetivos primigenios, sembrados por el gran visionario que fue Bernardo de Clarval, nos damos cuenta que a la luz de conceptos modernos de civilización, progreso y cultura, resulta totalmente lógico y necesario alcanzar el poder económico, pero no como un poder más, agregándolo al militar, sino más bien como una herramienta indispensable para el cumplimiento de un objetivo.

La tradición celta, sin duda, influenció en gran medida, en la creación de la Orden. San Bernardo y sus más cercanos colaboradores, el abad Suger de Saint Denis en Paris, el Abad Pedro el venerable de Cluny, San Esteban de Harding del Cister, el propio Hugo de Payns crearon la Orden de los Pobres Caballeros de Cristo, con objetivos que podemos llamar metafísicos o religiosos, y una pantalla de sus actividades proclamándose como la fuerza militar que los hacía consituirse en los artífices de la protección de los peregrinos en Tierra Santa y defensores de los Santos Lugares.

Ahora bien, qué pasa si nos olvidamos por un momento de estos objetivos más o menos "oficiales" que han sido tratados por muchos autores e historiadores, y nos ponemos pensar que la creación de la Orden y su posterior actuación obedeció a un objetivo mucho más abarcativo y primordial.

La creación de un nuevo orden en Occidente impulsando un tipo de civilización que hoy denominaríamos occidental y cristiana

Los Templarios eran maestros para aplicar la táctica del tero, poner el huevo en el nido y cantar lejos de él para despistar a sus enemigos.
En muchos escritos del Cister, su joven abad proclamaba la necesidad de que la humanidad estuvieras organizada para que los hombres cumplieran sus objetivos materiales y espirituales.
San Bernardo pregonaba que una organización política de la civilización debía tener como objetivos básicos tres elementos:

  1. Garantizar pan, o comida a sus componentes

  2. Aplicar el conocimiento para obtener las mejores herramientas

  3. Garantizar la circulación del conocimiento, los bienes y los hombres. En una palabra manejar los medios de comunicación.(Caminos y mares)

A estos conceptos se le debía agregar que los que ejercían el poder debían ser responsables de la seguridad y la aplicación de justicia. A su vez debía existir una fuerza compuesta por un ejercito poderoso, rica en los aspectos materiales, pero con una salvedad; ésta debía ser manejada por gente desinteresada en sí misma, protegiendo toda actividad humana. Hacía hincapié también, en que esta concepción de civilización debía tener como pilares la espiritualidad y el conocimiento.
Entre otras cosas se afirmaba que sin lo espiritual, el trabajo no es más que un reflejo condicionado y lo intelectual memoria aplicada.
La tradición celta, inspiradora de algunos conceptos anteriores, daba fundamental importancia al poder sobre las vías de comunicación como propiciadora de cualquier acción civilizadora. Las vías romanas eran militares, las de los galos eran comerciales, los Templarios llegaron a ejercer un control y vigilancia sobre las vías de comunicación del mundo conocido en ese entonces. No había nada escrito ni oficial al respecto, simplemente imponían su presencia e idoneidad, sin duda obedecían a una orden superior.
Lo que más sorprende del accionar templario es la firmeza de sus designios, la continuidad de su acción y la habilidad y pragmatismo para utilizar los mejores medios en el momento más oportuno.
Para nuestros conceptos actuales sobre el capitalismo lo que más llamaría la atención es la gran creación templaria: el Banco Nacional o el Gran Banco como institución (el nombre de sucursal fue inventado en esa época y se utilizaba para designar una sub-comandería.)

Lo ingenioso del Temple fue la utilización de un banco como una importantísima y fundamental herramienta de desarrollo económico comercial, no como una institución con fin de lucro o riqueza en sí misma.
Si pensamos que Hugo de Payns fue el mismísimo fundador de las Casas de Londres y Paris, que se construyeron teniendo en cuenta una arquitectura de fortaleza, en medio de importantes vías de comunicación, en ese momento muy cercano a la génesis de la Orden:
A qué objetivo militar obedecía la creación de ambas importantes encomiendas?

Qué necesidad había de emplazar tan importantes construcciones fortificadas, cuando se estaba lejos de los frentes militares?

Por qué construyeron el imponente castillo del Temple de Paris con su famosa torre, en medio de la ciudad? Ni siquiera el rey tenía algo parecido.
Cuando Hugo de Payns las funda, ni siquiera se había comenzado la recaudación de las importantes donaciones que luego llovieron sobre la Orden; todavía no se había desarrollado la actividad bancaria y financiera. Sin embargo ya se constituían Londres y Paris como los dos más importantes centros de la actividad financiera y se pensaba en la creación de estas dos Casas Bancarias como casas matrices de la actividad.
No es razonable pensar que ya se tenía claro el proyecto de llegar a una especie de hegemonía económica mediante la creación de una gran empresa multinacional apuntalada por una poderosa banca?
Irrumpen también con una novedosa operatoria del manejo de la riqueza. Todos los grandes señores, príncipes y reyes de la época, estiman que la base de la potencia económica de sus estados está en el atesoramiento de metálico, oro o plata, en lingotes y monedas, es decir se es más rico o más pobre evaluando la presencia física de oro y la plata en sus arcas.
Los Templarios ponen en práctica una novedosa teoría, las riquezas se potencian con inversiones, con su movilidad; ellos aligeran el peso del metal, le dan alas, ponen en práctica algo que hoy día es totalmente normal en las grandes empresas: no hay que dejar dinero inmovilizado en caja. El secreto del poder y la riqueza de la Orden está en una gran innovación: ponen en marcha y crean el crédito.
Los Templarios concibieron la Banca tal como hoy en día funcionan los modernos sistemas bancarios: toman depósitos y se emiten papeles (Letras y cheques) para evitar el movimiento de metálico, llevan fondos de donde sobran hacia donde faltan. Y a todo ese circuito le dan confiabilidad y eficiencia.
El Temple es la caja fuerte de todos. En Paris, Londres o Jerusalem los objetos de valor, el metálico, los documentos importantes son confiados a sus monjes, ganan la confianza de los soberanos. Muchos de ellos . se transforman en los ministros de hacienda de reyes. Los templarios les enseñan a hacer fructificar sus depósitos, desarrollan una ciencia del dinero que no tuvo parangón en su época. Compiten con lombardos y judíos, pero por su rectitud, eficiencia y honestidad los suplen con ventaja.

Muchos autores le asignan un papel secundario a la actividad templaria en el plano financiero, además la toman como causante de su decadencia y del abandono de los objetivos primordiales fijados en sus Reglas originales.
Pero una vez más, creo que nos equivocamos y subestimamos a la Orden. Esta operación, para el templarismo, es una de las más importantes herramientas y principal eje de una superior misión civilizadora. Conceptualmente San Bernardo afirmaba que ninguna obra civilizadora podía desarrollarse sin tener seguridad en el intercambio, y que éste debía hacerse en todos los niveles y al alcance de todos los involucrados.
Este intercambio generalizado se debía llevar a cabo con honestidad, seguridad en los registros contables y administración, con continuidad en el tiempo, con reglas claras conocidas por todos. Había de aplicarse por igual a reyes y pequeños comerciantes, y servir para capitales chicos o grandes, y ser brindado por una institución , no cabía duda de que la única que podía llevar adelante tan ambiciosa operatoria era el Temple.
Todo estaba contenido en las Reglas inspiradas por San Bernardo: la Orden debía ostentar el poder, pero ninguno de sus componentes caballeros podía sacar ventajas personales de ello.
No hay duda de que la actividad del Temple en Occidente, mucho más financiera que militar, tenía objetivos que sobrepasaban sobradamente, si tenemos en cuenta sus resultados, las necesidades militares y estratégicas de Tierra Santa.
Como dijimos anteriormente, el propio Hugo de Pyens dejó en marcha los dos centros financieros más importantes (Londres y Paris) y dejó a sus espaldas al procurador de la Orden Hugo Rigaud, verdadero cerebro de la organización administrativa financiera.Tan mal no les fue. ¿ Quién duda de que hoy día, ambas ciudades no sigan siendo, dos de los centros principales de la economía mundial?

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El propósito de este trabajo es mostrar los aspectos económico- financieros de la Orden del Temple. Como esta actividad se desarrolló principalmente en Europa Occidental, nos ocuparemos de la organización templaria de este continente y no nos detendremos en la organización de la Milicia Templi en los reinos cristianos de Ultramar, que es bien conocida por todos.
No existe ninguna duda de que los Templarios de Tierra Santa no hubieran existido ni hubieran podido realizar su misión sin los Templarios de la retaguardia, los que actuaban y trabajaban en Europa. Unos eran la punta de la lanza los otros eran el asta que les proveía de hombres, armas, caballos, pertrechos, comida y fundamentalmente: dinero
Para ambos grupos regía la misma Regla, utilizaban la misma vestimenta, efectuaban las mismas oraciones, tenían los mismos derechos y obligaciones y obedecían a un único Maestre, pero, evidentemente, las varias ramas de la Orden desarrollaron diferentes actividades y habilidades según la región en que estaban implantadas. Una vez más el Temple demuestra su gran versatilidad y pragmatismo.
Por ejemplo: el Caballero Templario que cumplía tareas en España, no debía desarrollar las mismas actividades que en Francia, Italia o Inglaterra.
Inglaterra, Francia y España eran las tres regiones más importantes de Occidente e importantes para la Orden., éstas eran sus depósitos, sus graneros y sus arsenales.
En cada una la Orden encontró una acogida más que favorable; desde sus más tempranos días recibió donaciones, tierras, edificios, hombres. Para 1291 tenían diferentes características.
Cada una de estas tres provincias (Francia, Inglaterra y España) tuvieron distintivas funciones dentro de la Orden y más importantes aún si tenemos en cuentas las disímiles relaciones con los soberanos en cuyos reinos actuaban. En todas la Orden poseía y administraba grandes extensiones de tierra.
Inglaterra se asemejaba a un puñado de arena que se hubiera distribuido por su territorio, donde cada grano representaba una granja o un castillo. En Francia en cambio, 9000 factorías y encomiendas cubrían todas las rutas de su actual territorio. En España, donde no era fundamental la producción sino la lucha contra los moros, solo en Aragón había 38 castillos fortificados enclavados y dominando señorías completas. Además administraban y cuidaban más de 120 pueblos pequeños.

Pero en sentido contrario en España con respecto a las otras dos , la Orden no era predominantemente una hermandad caballeresca dedicada a la economía. La rama española sin duda tenía como misión pelear contra los moros en la reconquista de Aragón, y más hacia el Sur estuvo empeñada en ello casi hasta su disolución, pero por ello obtuvo un tercio del reino de Aragón. Movida inteligente típica de los Templarios de Europa.
Hasta aquí parecía que el accionar templario era igual o parecido a lo que sucedía en Inglaterra y Francia, pero los hermanos españoles tenían dos aspectos esenciales en su organización que los diferenciaba claramente del resto de la Orden. Eran todos nativos de España, muy raramente enviados a otros países y mantenían la obediencia a su rey. Esta última condición parecía rara, pero se ve que era condición impuesta para disfrutar sus inmensas riquezas peninsulares provenientes de las donaciones. La primera era bastante lógica ya que los guerreros eran necesarios allí; el enemigo estaba en las puertas de su país, tenía sentido entonces que económicamente y militarmente defendieran la Fe en su patria, en vez de ser enviado al exterior.
En Inglaterra, no se debía fidelidad al rey; al contrario, los sucesivos monarcas fueron dándole más y más prerrogativas a la Orden.
Como no había Infieles en Inglaterra ni peligro de que los hubiera, todos los guerreros eran enviados a Tierra Santa. Quedaban entonces los granjeros y financistas. Inglaterra personificaba exactamente la Orden, rama no militar en el Oeste. Cuando la Orden fue disuelta había solo 135 Caballeros templarios guerreros en el país. Esto da una idea lo desproporcionada que era la organización de la Orden en el Occidente comparando su gran poder con sus tropas en la región. Entre otras cosas como hacían estos 135 Caballeros para controlar y manejar todas las posesiones inglesas y los miles de trabajadores en ellas?
Estas eran tan importantes que algunas de ellas todavía existen y se cree conservan algunas de sus características. Por ejemplo Oxforshire, encomienda templaria especializada en trabajos metalúrgicos, que hoy en día es famosa por ser sede de importantes y reconocidos talleres de fabricas de autos.

¿Cuál era la razón para que tan pocos pudieran controlar a tantos miles y a tan largas distancias? Solo una: Dinero.
El gran valor de Inglaterra para la Orden eran sus beneficios. Los templarios hicieron de Londres, junto con Paris un gran centro financiero, que permitió el gran desarrollo económico de su puerto y de toda Inglaterra.
Los establecimientos ingleses eran particularmente exitosos porque no pagaba ningún tipo de impuesto, a pesar de que en la época eran brutalmente exigidos por los señores y monarcas. Los templarios estaban libres de todas las cargas: hacían tierras de pastoreo, desmotaban bosques, araban tierras todo sin dar cuentas a nadie, ni ser inspeccionados por los guardia reales Además los propios miembros de la Orden y sus granjeros, artesanos y colaboradores, estaban exentos de las obligaciones militares hacia los soberanos.
La Orden en Inglaterra era su propio juez, no sólo para ellos sino para todas las personas que estaban bajo su protección o viviendo en sus territorios. Esto les trajo algunos problemas con los demás comerciantes, parroquias etc. El Rey Ricardo Corazón de León y su hermano Juan tuvieron que sustentar varias veces estos privilegios ante reclamos de algunos de sus súbditos, por ello la Orden tuvo que darles algunas dádivas a los alicaídos tesoros reales, muchas veces en efectivo, otras con caballos o pertrechos. Pero la Orden seguía siendo riquísima y poderosa, sus rentas ascendían a 5.200 libras por año (Cada libra era 240 peniques; para tener una idea con un penique se le daba de comer y vestir a una persona por día)
La base de la organización en Europa eran las famosas comandarías o encomiendas; varias de estas formaban una bailía. En éstas funcionaban los capítulos regionales, donde se reclutaban los nuevos miembros. Varios Capítulos formaban las Provincias.

En el momento de mayor auge de la Orden existían 9 provincias (6 dobles y 3 simples); las denominadas simples era las que estaban en contacto con el Islam.
Cada encomienda o comandería se instalaba generalmente cerca de un río; era una verdadera explotación agrícola que producía y ofrecía víveres a una gran comunidad. Se sembraban y cosechaban trigo, mijo y alfalfa, uvas y aceitunas.
Tenían granjas menores anexas, con sus herramientas y su personal especializado, otras tenían talleres donde trabajaban herreros, carpinteros, y ocupaban varios centenares de hectáreas, llegando algunas a mayores dimensiones. Generalmente se construía un molino comunitario anexando también un horno, explotados por la propia administración templaria. Se criaban caballos, vacunos, lanares, caprinos y porcinos.
Cada comandería llevaba un muy detallado "inventario" de sus bienes, animales y "stocks".
Según la región y las habilidades de la gente del país se producían mercaderías de todo tipo: Telas, vinos, quesos, armas, utensilios para el culto, velas, objetos de carpintería. En fin, tenían el concepto de producir más de los necesario para vivir, ya que la diferencia se comercializaba.
Cuando había excedentes de productos en una región, la comandería ponía en marcha el aparato de distribución y se comercializaban los excedentes allí donde escaseaban. También se efectuaba una política de subsidios cuando se necesitaba fomentar la producción de un determinado bien. Algunas veces se optaba por políticas de precio "sostén" para determinadas regiones que sufrían algún tipo de escasez de productos básicos y podrían sufrir el abuso de los comerciantes de otras regiones donde circunstancialmente abundaban.
Las encomiendas de la Orden estaban organizadas muy meticulosamente. El territorio bajo su jurisdicción se dividía en porciones para construir casas (con huerto individual) y se les agregaban lotes de tierra, donde el cultivo o la explotación eran colectivos con zonas comunes de pastoreo.
La encomienda propiamente dicha era una edificación cuadrada, con espesos muros y cuatro torres en sus ángulos. Generalmente tenía un estanque artificial. Los templarios eran excelentes constructores de espejos de agua artificiales que utilizaban como depósitos de agua para riego y vivero de peces.
Había dentro del recinto una edificación conventual, donde vivían los caballeros, otra denominada mesnada donde habitaban los obreros y artesanos con sus familias y finalmente el área de hospedaje u hotel donde se alojaban los peregrinos y viajeros en tránsito. Muchas veces en las cercanías extramuros funcionaba un leprosario. Cada encomienda tenía su capilla que estaban siempre bajo la advocación de Nuestra Señora (Nôtre Dame).
En dependencias vinculadas a los conventos de la Orden del Temple, se reprodujeron asociaciones de constructores según la tradición de los "collegia" florecientes en el Bajo Imperio Romano.
San Bernardo inspiró algunos de los grandes objetivos de la Orden, y por ello los Templarios fueron grandes constructores, tanto en Europa como en Tierra Santa. Mantenían una intensa comunicación de formas e ideas entre las concepciones arquitectónicas de Oriente y Occidente. Albergaban junto a sus sedes o encomiendas logias o asociaciones de constructores denominadas "Compañías del Santo Deber" que de igual manera que las asociaciones monásticas conservaron los secretos del Arte. Se dividían en jerarquías para ejercer su actividad profesional, fijaban rituales de asociación, contraseñas de cobro, establecían los escalafones de progresos de sus miembros, admitían la asociación con constructores libres o temporales. Las Compañías de los Templarios se encargaban de la construcción de edificios militares, civiles y religiosos. Muchas veces requerían la colaboración de profesionales independientes como especialistas en arquitectura, escultores, canteros etc.

El régimen que regía la vida de los colonos era bastante liberal; entre otros beneficios gozaban de libertad personal absoluta, estaban eximidos de muchas cargas fiscales del señor de la comarca, tenían el mejor servicio de seguridad y vigilancia (los Templarios en persona), usufructuaban una especie de autogestión asegurada, siempre que cumplieran los objetivos de la encomienda. Se manejaban con un consejo formado por 4 cónsules y 4 consejeros bajo el control del prior o preceptor (Total 9!!). Un código definía con precisión los crímenes y delitos, con sus correspondientes castigos. Detrás de todo este sistema hay que reconocer el espíritu metódico del Temple
Dijimos que los Templarios explotaban molinos y hornos comunitarios, su pan y su harina eran los de mejor calidad y mejor precio. Provocaron las quejas de los productores independientes que debían competir con ellos. Lo mismo ocurría con el vino; el que se producía en las encomiendas era de buena calidad y se vendía a precios accesibles.
Sin duda podríamos afirmar que su producción se comercializaba en lo que hoy llamaríamos "puerto franco" o más comúnmente "free shop". La gran ventaja de las encomiendas templarias era que gozaban, tanto para la fabricación como su posterior comercialización, de una exención total de cargas, que como en todos los tiempos, los gobernantes aplicaban discrecionalmente a toda actividad económica. Por ejemplo los productos, animales y granos del Temple no pagaban derecho de "portazgo" (tonlieu),de transporte, de entrada y salida, de tonelaje, peajes de todo tipo, etc.
Esta estructura económica funcionó de mil maravillas, en los 200 años de manejo de la economía europea occidental no se registraron hambrunas. Como detalle práctico, los estudiosos del armamento que se utilizó en diferentes ciclos históricos, detectaron que las armaduras y las armas que se utilizaron durante este período (S.XII y S.XIII) eran de mayor talla y peso que las que se usaron en épocas más modernas.
A pesar de la riqueza y prosperidad que tenían estos enclaves templarios, la Orden nunca dejó de observar un estricto cumplimiento de los votos de pobreza de sus componentes. Los monjes-caballeros debían cumplir con la dádiva obligatoria tres veces por semana. Además, cuando comían dos templarios debía sobrar lo suficiente como para alimentar a un pobre.
Los conceptos de libertad y autogestión, pasando por la explotación de las habilidades de cada miembro, así como también la disciplina y eficiencia en las tareas cotidianas, fue formando un embrión de lo hoy llamaríamos clase burguesa occidental y cristiana.
Qué hubiese pasado si una noble sociedad caballeresca, eficiente y disciplinada, respetuosa del individuo y hábil para ejercer un efectivo liderazgo, requisitos todos atribuibles al Temple, hubiese estado vigente hasta nuestros días?
Como vemos la organización templaría era numerosa y compleja
la Orden era ante todo principalmente religiosa y militar; era una selecta máquina de guerra instalada y funcionando en Tierra Santa y en otras tierras de Cruzada, algunas permanentes como la de España y otras de actuación temporal (Cataros). Esta máquina de guerra comprendía a los combatientes: caballeros, escuderos, sargentos, servidores, hermanos legos y servidores para tareas domésticas; los cuerpos auxiliares como los turcopolos, y los caballeros seglares.
En los establecimientos templarios (castillos, conventos y encomiendas) las administraciones eran encomendadas a los miembros de las "Compañías del Santo Deber" o compañeros de oficio como los constructores, que bajo la dirección de un Templario se encargaban de la edificación y mantenimiento de castillos y edificios de la encomienda Los agricultores y granjeros generalmente eran contratados.
El contraste más evidente que existía entre los sacerdotes y los caballeros y demás combatientes era de orden cultural. Los sacerdotes eran los que dominaban las ciencias sagradas, el derecho y defendían adecuadamente a la Orden en los numerosos pleitos en los que continuamente se veían implicados por razones económicas o jurisdiccionales.
Los Caballeros Templarios era una orden de guerreros, no de intelectuales. Todos los autores convienen en que la mayoría de los caballeros y escuderos eran sencillamente analfabetos, pero en cambio la rama sacerdotal y algunos miembros de las Compañías del Santo Deber eran sacerdotes muy bien preparados o laicos que surgían de las mejores y más progresistas universidades de la época .

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Hemos visto que los Templarios fueron los primeros banqueros de Europa en los tiempos donde la usura, los préstamos de dinero por interés estaban prohibidos por la Iglesia.
Por cierto había prestamistas en este período medieval, y en algunas regiones donde no existía antisemitismo, la comunidad judía que habitaba en algunos estados europeos, ofrecía este servicio a la comunidad, siendo utilizado inclusive por reyes y señores feudales. ¿Qué hacía la diferencia a favor de los Templarios? Era primordialmente la ausencia de usura, la transparencia y lo completo de su servicio operativo.
Veamos un ejemplo: era posible depositar una suma de dinero en la encomienda de Paris, en una cuenta cifrada discreta, detallando exactamente donde se desearía cobrar esa suma, en qué moneda de otro lugar y en qué momento. Todo este servicio se brindaba a cambio del pago de un honorario razonable. Los Templarios eran los que ofrecían tal posibilidad, funcionaban como un Banco y una Casa de Cambio simultáneamente; todo en una institución.
Las ventajas del sistema eran evidentes, se obviaban los peligros de los viajes y se tenía certeza y transparencia en la operatoria de los diferentes tipos de cambio, con valores de distintas monedas muy difíciles de equiparar entre sí (Cotizaciones actualizadas).Esta sola tarea ya era considerada admirable en la época.
Se cree que los Templarios tenían un patrón propio de moneda, que sólo ellos manejaban. Una especie de moneda de consolidación, que le permitía evaluar las mejores oportunidades, aprovechando las diferentes circunstancias de cada región, fueron pioneros en el aprovechamiento de la "globalización" de los negocios. El Temple de Londres era la plaza favorita para tomar estas decisiones financieras
Además, gracias a los sistemas de movimientos de fondos, los Templarios eran prestamistas de dinero en gran escala (Se cree que una de las razones de Felipe el Hermoso para ponerse en contra de los Templarios y gestar su eliminación, fue el ser deudor de la Orden por fuertes sumas en oro y plata).
Las primeras conclusiones que surgen al estudiar este tipo de servicios dado por los Templarios y sus encomiendas, es que funcionaba una verdadera red de distribución de dinero, en diferentes monedas y formas (algo así como lo que hoy día llamaríamos un sistema de "clearing")
Se emitían regularmente estados de cuentas consolidados, tanto para los clientes como para las casas templarias entre sí, balances por encomienda, gestiones de créditos y cobranzas, informes de unos a otros de los distintos saldos de cuenta, e informes de resultados entre las grandes ciudades de Europa medieval que formaban parte de las diversas provincias y capítulos.
Eran realmente precursores de un sistema de inversiones. Lo común entre los grandes señores y príncipes era que el metálico que provenía de las recaudaciones de impuestos, y que sobraba de algún gasto directo, se atesorara en grandes cofres en un oscuro sótano de un bien protegido castillo; lo esencial era su atesoramiento físico en metales (monedas y lingotes) y piedras preciosas. Los señores medievales eran poderosos pero mal educados y rústicos, los Templarios eran totalmente distintos, el manejo de sus riquezas se parecía mucho más a las actuales empresas multinacionales. Una multimillonaria empresa actual raramente mantenga un saldo importante en dinero efectivo, lo que dice vulgarmente saldo de caja; por el contrario, es un signo de mala administración tener inmovilizado dinero contante. Pues bien, este concepto básico de economía moderna, era manejado perfectamente por los ingeniosos e inteligentes Templarios.

Sus riquezas: la propia y la de terceros, administradas por ellos, se encontraban en permanente movimiento, llevándolas de un mercado de abundancia a otro de escasez, aprovechando oportunidades de inversión (lo que hoy llamaríamos funciones de "brockers", inversores) buscando siempre el mejor rendimiento.
Compraban tierras, las hacían progresar (desarrolladores), desmotaban bosques, construían molinos, puentes, curtiembres, rutas a peaje, cobraban regalías en ferias, almacenaban mercaderías propias y de terceros. Acumulaban riquezas con más ganancias, hacían compras globalizadas para sus posesiones de ultramar en Tierra Santa, abasteciendo sus encomiendas/factorías y tropas.
Lo curioso de todo esto es que todo estos movimientos financieros los ejecutaba personal que no recibía paga por ello. Simplemente era un deber de cumplimiento de los objetivos de la Orden, pero, como vemos, con un alto grado de eficiencia, transparencia y honestidad.
Si comparamos un sistema bancario actual con el de los Templarios, no hay duda de su similitud; eran unos verdaderos adelantados de su tiempo.
Otro concepto moderno que manejaban muy bien era el de las garantías en conjunción con un buen sistema de información en cuanto a solvencia de sus deudores.
Los Templarios concibieron la Banca tal como hoy en día funciona, tomaron depósitos, emitieron cheques o notas pagables a la vista, cobrando una razonable y mínima comisión de corretaje. Y sobretodo crearon un banco honesto!!!

Es imposible descubrir con los reportes financieros de la época un solo acto de usura o de mala fe en las operaciones efectuadas en este sentido por nuestros monjes-caballeros, ahora devenidos en monjes-banqueros.
La sustitución del metálico por papel que los representa, puesta a circular ampliamente, no fue un invento de los judíos sino, algo totalmente original de los Templarios. Príncipes, barones, nobles, burgueses y mercaderes depositaban sus riquezas en sus sitios inviolables, con la facilidad de retirar parte de ellos a su voluntad y mediante letras o cheques cobrables en cualquier comandería templaria diseminadas por todo el mundo conocido. Estas letras son como plata contante y sonante. El sello de la Orden en un pergamino es garantía suficiente hasta para el más desconfiado.
Como ya dijimos, la gratuitidad de sus servicios era aparente. La usura es anticristiana y está prohibida, por lo tanto los Templarios no la empleaban, pero existían otras maneras de percibir beneficios: la comisión, los corretajes, las hipotecas, rentas nominales que se transformaban en reales, dejando beneficios para la Orden.
Cuando había excedentes de fondos en una región, ya lo anticiparamos anteriormente con lo referido a mercaderías, la comandaría ponía en circulación estos fondos mediante subsidios, es decir pagaba a valores mayores que los reales para agilizar la economía de la región, prestaban sobre futuras cosechas.
Las ordenes se transmitían en forma codificadas; se cumplían y se destruían, por ello no quedaron muchos antecedentes al respecto, más aún luego de su caída en Francia en octubre de 1307, el Temple no llevaba "oficialmente" registros de sus transacciones. Eran conocidas sólo por un nivel de iniciados y estos no rendían cuentas a nadie, pero no había dudas que las decisiones pasaban por el más alto nivel y se tomaban uniformemente en toda la Orden, sin importar el lugar donde se llevara a cabo la operatoria.
Los préstamos que hacían dieron lugar a la creación de dos tipos de contratos:

  • mort-gage (prenda muerta) donde el que pedía un préstamo cedía la nuda propiedad del inmueble hasta que el prestamista recibía la devolución de la deuda.(Hipotecas)

  • vief-gage (prenda viva) donde a cuenta de una suma de dinero se cedía el usufructo del bien también aquí hasta el momento de la amortización del préstamo. (Prendas flotantes)

A pesar de estas "garantías" las mayor parte de las veces los bienes afectados terminaban como propiedad total y definitiva de los Templarios.
Cuando se actuaba en garantías o fianzas, los Templarios siempre actuaban por la Orden, eran demasiado avispados y celosos de las consecuencias que les podía acarrear en caso de no estar bien seguros en lo que hacían y a quién le daban la garantía. La precaución especial que tomaban era la denominada "la courtoise" ( traducida sería "la cortez) que era el embargo inmediato de cualquier valor que poseyera el incumplidor.
Otra creación templaria, fue la cláusula penal: cuando no se pagaba una deuda a su vencimiento se debía pagar un suplemento como compensación, además ofrecían el "servicio" y los medios para hacerla cumplir.
Banqueros de avanzada para su época, también ofrecían garantías a compromisos que efectuaban algunos de sus encumbrados clientes. Cuando San Luis proyectó casar a su hijo con la hija del rey de Castilla, los Templarios fueron garantes del pago de la dote. Si la pareja real de Castilla,todavía con posibilidades de engendrar hijos, hubiera tenido un hijo varón, con lo cual la heredera dejaría de serlo, le debía entonces al rey de Francia una suma cercana a las 30.000 marcos de plata garantizados por los Templarios.

Bancos de depósitos, banco de prestamos, banco de negocios, casa de empeño, el Temple ponía en práctica medios de pagos modernos.
Descubren e inventan el concepto de la intangibilidad de la moneda, sus diferentes cotizaciones y el giro contra cuentas de números.
El trafico del Rey de Inglaterra a sus posesiones en lo que es hoy Francia, se hacen todas a través del Temple. Los fondos que se mueven bajo la bandera del Temple están asegurados, nunca serán atacados ni navíos ni carruajes, ni siquiera por los soberanos cuyos territorios atraviesan. Los principales clientes del Temple, que tendrán cuentas a su nombre serán los papas Gregorio IX, Honorio III, Gregorio X, Honorio IV, Martín IV, Inocente III, IV; los reyes de Inglaterra Enrique II, Ricardo Corazón de León, Juan sin Tierra,; los reyes de Francia Luis VII, Felipe Augusto, Luis VIII, San Luis, Felipe (dos), la reina Blanca de Castilla, los condes de Poitiers, Charles d´Anjou, Roberto d´Artois, todos los hijos de San Luis, el Duque de Borgoña, Juana de Navarra.
Fueron tesoreros del rey de Nápoles, Jaime I de Aragón. Los mismos musulmanes de los territorios de Ultramar confiaban sus dineros al Temple, por miedo a que los avatares de la guerra los obligaran a aliarse a los cristianos.
La Orden también se encarga de aquellas obligaciones de clientes que tienen que hacer pagos periódicos.
Los templarios eran también depositarios de los patrones de pesos y medidas.
Los contables del Temple igualaban a los banqueros lombardos, genoveses y judíos en astucia y conocimiento, pero le añadían la honestidad y la probidad que éstos no tenían. El tesorero del Temple era el consejero financiero de los reyes de Francia e Inglaterra, cuando justamente éstos, no tenían ni la gente ni los medios para crear sistemas administrativos propios.

Eran depositarios del Tesoro real; es decir manejaban la recaudación de impuestos. Cuando el rey pedía contribuciones especiales o extraordinarias generalmente se las encargaba a los Templarios, lo curioso es que la mayoría de las veces recaudaban impuestos y/o contribuciones de los cuales ellos mismos estaban exentos.
Los importantes fondos que manejaban les permitían adelantar plata o financiar a los mismos reyes en complejas operaciones de finanzas públicas, operaciones éstas que seguían aumentado la fortuna y el poder de la Orden.
El personaje más conocido y honrado en Paris era el hermano encargado de las funciones de tesorería debido a sus contactos con el Rey y sus ministros.
En el Temple también funcionaban una especie de ventanillas abiertas al público donde éste hacia sus depósitos, se pagaban las rentas y pensiones reales a sus beneficiarios. Cada uno de los cajeros llevaba su propia contabilidad y en diferentes monedas, al cierre se hacía la relación de las operaciones.
En cuanto a las rentas de los dominios templarios, todos los priores o comendadores debían depositar los excedentes de sus explotaciones en forma y fecha regulares, se hacían auditorias y controles periódicos para el fiel cumplimiento de estas obligaciones.
Con respecto a los depósitos de grandes señores y príncipes, comerciantes, mercaderes y peregrinos, se trataban por igual no importando cuán elevada o pequeña fuese la suma involucrada.
Cuando uno de estos clientes depositaba dinero o metálico se le abría una especie de cuenta corriente, se le ponía ciertas condiciones de reembolso, en qué tipo de moneda y en qué lugar se debían efectuar éstos etc. También a los Templarios se les confiaba el cobro de rentas y su reinversión, ejecuciones de contratos y reembolsos de deudas.

La originalidad de los templarios radicaba en imitar a los banqueros italianos en cuanto a dar movilidad y posibilidades de reinversión a los fondos a ellos confiados pero le agregaban respaldo, habilidad y rectitud que la Orden garantizaba a sus clientes.
Se hacían lo que hoy se conoce por balances tres veces al año; en la Ascensión, en el día de todos los Santos y en la fiesta de purificación de la Virgen.
La clientela establecía cartas de pago que por su escueta y tajante redacción fueron los antecesores de nuestros "cheques", éstos eran a la vista, con identificación o no del beneficiario y pagable en diferentes lugares; se podían girar sumas de dinero de una encomienda a otra.
Los que tenían cuentas en los Templarios podían hacer traspasos de una cuenta a otra mediante escrituras, sin movimientos reales de fondos.
Adoptaron los principios de la partida doble en su contabilidad, los propios administradores de las encomiendas actuaban como notarios públicos, daban fe de actos entre terceros.
Si bien la usura o interés estaban prohibidos, se cobraban algunas veces sumas de dinero al entregar la suma original (mayor deuda inicial) pero por conveniencia algunas veces los Templarios prestaban sin interés a reyes y señores. Eran extremadamente prudentes en los préstamos, generalmente existía una garantía que como mínimo cubría el importe del préstamo. Existían cláusulas punitorias o multas en caso de incumplimiento. También se les encomendaba la custodia de bienes en espera de ejecución.
La Orden del Temple se fue convirtiendo prácticamente, en forma natural, en un poderoso emporio económico-financiero y en la primera mitad del s.XII en un eficientísimo sistema financiero internacional, el más importante de su tiempo.
Todo el mundo busca en un sistema financiero la seguridad. Seguridad en el buen fin de las transacciones, garantizada por una firma multinacional por encima de los gobiernos. Sólo reconocían la autoridad del Papa, todos requisitos que cumplía el Temple, agregándole el carácter inexpugnable que tenían sus castillos y establecimientos, y fundamentalmente la solvencia absoluta que demostraron siempre, hasta el fin, sus administradores.
Como veremos más adelante, siguiendo sus operaciones de inversión, que fueron uniformes durante su accionar, debemos intuir que el núcleo importante de sus riquezas, al momento de la caída de la Orden, estaba invertido, con buenas garantías y con cláusulas que los ponían a cubierto de incumplimientos y/o como diríamos hoy en día de "defaults".

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Príncipes y papas rivalizan en la generosidad hacia los Templarios, donándoles plazas fuertes y dominios a algunos e inmunidades y privilegios a otros.
Mucho antes de la muerte de San Bernardo la Orden ya estaba instalada en casi todos los reinos de la cristiandad. Desde principios del siglo XII Enrique I de Inglaterra le había otorgado tierras en Normandía, en 1129 en Castilla, en 1131 en la Rochelle, 1136 en el Languedoc, luego en Bretagna y Alemania. En España comienza el gran despliegue del Temple cuando Alfonso I de Aragón y de Navarra les cede su reino.
De todas parte el oro fluye hacia sus arcas, algunos les pagan rentas anuales pero no solo en metálico; comienzan a recibir especies y mercaderías de todo tipo; nada es rehusado: viñas, praderas.
Para muchos pecadores de noble sangre no existe mejor intermediario para sus culpas ante Dios que estos monjes-soldados. Se le ceden tierra con derechos a peaje, de tala de bosques, acequias, navegación de ríos, puentes etc.
Luis VII les dona un gran terreno, en una zona pantanosa al norte de Paris donde se construye la famosa torre del Temple, sede central de la orden. Solo en el actual territorio francés llegan a explotar 9000 encomiendas, verdaderas empresas agrícolo-ganaderas.

Los monjes-soldados son extraordinarios trabajadores, tanto en las batallas como en las encomiendas, son expertos en recuperar tierras improductivas, desmontan grandes extensiones de terrenos, grandes forestas, secan pantanos, arbustos y pastizales. A menudo reciben tierras que nadie quiere y les dan valor (developers), construyen casas, granjas, castillos, toman mano de obra y fundan ciudades.
En Paris las posesiones Templarias representan un tercio de la superficie de la gran capital francesa.(1211).
En Oriente tienen las prerrogativas del botín; cada ciudad, cada fuerte que conquistan allí, pasa a ser de propiedad de los templarios .
La secta de los musulmanes Assasin, les pagan un tributo anual de 2.000 besantes de oro.
Los derechos hereditarios que perciben los soberanos, no se los cobran cuando el heredero es el Temple.
Otra gran habilidad de la Orden es su maestría para organizar la distribución comercial de sus productos.
Las ferias de Province, por ejemplo, eran casi internacionales y duraban meses enteros. Eran muy importantes en comercio de lanas, hilados y cueros.
En estas ferias, verdaderos precursores de los actuales "shoppings", la Orden se encargaba de su organización, alquilaban los puestos o espacios, a los comerciantes se les daba servicios de custodia de valores y mercaderías.
Sobre la comercialización de los productos en estas ferias, los Templarios recibían una especie de IVA, era un valor añadido al precio. (Este gravamen fue donado por los condes de Champaña)
En varias oportunidades compraban a los señores del lugar el derecho a percibir ciertos impuestos; es así que en 1214 compraron al conde de Montigny el "tonlieu" de la carne y el ganado en pié; en 1243 hicieron lo mismo con las pieles, en aquel momento había en Province 124 talleres de cuero; no hay duda que hicieron casi un monopolio de esta industria.

¿Qué hacían los Templarios con estas ganancias? La mayor parte iba al tesoro de la Orden para abastecer a las tropas y castillos de Tierra Santa, pero otra no menor se destinaba a adquirir nuevos bienes que a su vez fueran rentables; nuevos diezmos y nuevas rentas seguras y regulares.
Los hermanos del manto blanco alquilaban sus casas y tiendas y vendían los productos de sus granjas a través de intermediarios; incluso poseían cadenas de carnicerías donde vendían el producto a precios razonables, lo que les acarreaba la cólera de otros pequeños comerciantes que no podían competir con ellos.
En Inglaterra el dinero provenía de las rentas, el comercio y las operaciones financieras. Comercio y Finanzas constituían la fuente de negocios con los mejores resultados. Aparte de la compra venta de artículos de comida y vestir en ferias y mercados, los Templarios ingleses organizaron un productivo mercado de lanas, granos, pescados y productos lácteos. Específicamente en lanas lo concentraron en Yorkshire y Lincolnshire, con tan alta calidad que aún hoy estas localidades siguen siendo famosas por sus "casimires". Esta sola rama de comercio significaba para la Orden cerca de del 50% de los beneficios originados en el reino de Inglaterra.
Londres era el centro de sus operaciones. Probablemente empezó cuando Hugh de Payens inauguró su Torre en 1128. Las actividades bancarias del Temple se hacían objetivamente desde aquí. Desde el edificio situado alrededor de la Iglesia Circular, operaba un sistema nacional e internacional de crédito y finanzas. Reyes, mercaderes y nobles depositaban oro, plata y joyas para su salvaguarda, y ,a su vez, acudían por créditos o para realizar pagos a ultramar. Se trataba en lo posible de no involucrar el efectivo o la caja; se empleaba con gran difusión el invento Templario de los cheques o letras de cambio para transferencias sin movimiento de metálico.
El Temple actuaba de dos maneras: como depositario del tesoro real y como agencia donde esos beneficios se recolectaban y auditaban. Aquí también, los Templarios recolectaban los impuestos respecto de los cuales ellos estaban explícitamente exentos.

Simultáneamente con sus convoyes armados y vigilados por tierra y por mar se encargaban de los movimientos de los fondos reales de un lado para otro.
También se los aprovechaba para enviar mensajes o decretos reales a sus súbditos distantes, algunas veces con personales embajadores, los Templarios eran correo y agentes de viajes. También eran activos consejeros "advisors", lo que hoy llamaríamos asesores en el Parlamento y en sus Ministros.
En Europa las posesiones de la Orden llegaban desde el estuario de Kenmare en Irlanda hasta Croacia y Eslovenia. En Alemania, a pesar de la Orden teutónica, había comanderías templarias en Hanover y Berlín. En Italia había importantes edificios y viñedos en Roma, Nápoles Perugia y Verona entre otros. Adonde realmente eran importantes , por razones estratégicas, eran en la isla de Sicilia (Messina, Trapani, Siracusa y Palermo), en todos estos enclaves agrícolo-industriales las organizaciones templarias eran muy parecidas, evidentemente solo en las grandes capitales Londres, Paris y Roma la vida era más sofisticada y cosmopolita. Allí tuvieron lugar las grandes operaciones financieras, donde la Orden aceptó cuentas corrientes, grandes depósitos, empeños de joyas. Se efectuaron operaciones de créditos y adelantos de dinero, se extendieron seguros de traslado etc.
Eran tan expandido y aceptado el uso del Temple como agente financiero oneroso, que como ejemplo tenemos que una vez el propio Papa, Alejandro III pidió prestadas 150 libras y tuvo que repagar 158. Los Templarios no llamaban a esto interés, decían que era el resarcimiento por el tiempo, los trámites y molestias además del riesgo del movimiento de las monedas.
El Temple y sus saneadísimas finanzas tuvieron mucho que ver con aquella eclosión constructora que llenó de monumentos religiosos y de nuevas formas de arquitectura las ciudades cristianas.


El siglo XII es el siglo de las catedrales. A partir de 1140 se van a construir 150 iglesias de las cuales 80 son catedrales.
En 1140 se empieza la catedral de Noyon, 1153 la de Senlis, en 1163 Notre-Dame de Paris, en 1166 Piotiers, 1170 Sens y Lisieux, 1175 Soisssons, 1194 la de Chartres, 1200 Rouen, 1211 Reims, 1218 Coutances, 1220 Aimiens, 1229 Toulouse, 1240 Strasbourg, 1247 Beauvais, 1250 Metz, 1262 Troyes por no decir que las más importantes.
Estas canteras de obra monumentales insumirían períodos muchos años, decenas de ellos, durante los cuales se pagaron arquitectos, talladores de piedra, albañiles, carpinteros, escultores, vidrieros.
Una pregunta surge inmediatamente. Con qué plata se hizo todo esto? Como se organizaron las obras?
Como vemos el problema no era solo la disposición de fondos, sino el trabajo de titanes, que tardaba lustros enteros, de lo que hoy llamaríamos "Dirección de Obra".
Coordinar las encomiendas de arquitectos y constructores capaces de iniciar esa manera distinta de concebir el templo, resolver los arduos problemas técnicos que se planteaban, totalmente novedosos, presupuestar y efectivizar los flujos de fondos necesarios para esta grandes obras, sin duda requerían de personas o instituciones poderosas en dinero y en conocimiento, además de inmune a los avatares políticos de la época para que no se interfiriera las construcciones proyectadas.
Fuera de toda duda, y además, porque en este caso así lo avalan documentos, solo la Orden del Temple pudo estar en condiciones de afrontar los enormes dispendios y la organización de obras monumentales como éstas.


Tantos maestros de obra, tantos talladores de piedras, tantos albañiles, tantos carpinteros. Eran necesarios organizarlos, coordinarlos, enseñarles y fundamentalmente pagarles. Se debía efectuar las mismas tareas para la utilización de los transportes, los encargados de maniobras, los supervisores, los adoquineros, los aguateros, los cocineros, los tiradores de cables, escultores, vidrieros, carboneros etc.
El pueblo no tenía ninguna disponibilidad de dinero, los reyes y señores tampoco. Las comunas apenas se abastecían a si mismas, hay una sola respuesta: EL TEMPLE.
Los templarios fueron los catalizadores de una obra que hubiere podido ser anárquica, y que se constituyó en una unidad básica del conocimiento medieval.
Los templarios adquirieron de Oriente los principios básicos que regirían la estructura de la construcción y la costumbre - tomada de las cofradías de construcción islámica- de asociar en un fin común a todos los que intervendrían en la gran obra.
Iniciados en los secretos del conocimiento y en su expresión por medio de la piedra, los canteros y maestros de obra habrían adquirido su saber en los conventos templarios y habrían salido de ellos encuadrados en logias y embebidos de una aspiración expresiva común. El Temple fue el aglutinador de las cofradías de constructores.
Para organizar y transmitir a través de los años, dado que las obras muchas veces abarcaban varias generaciones de individuos, los conocimientos, la organización de las obras, la coordinación de los gremios, las distintas etapas de construcción, como se debían escalonar lo provisión de los múltiples elementos que componen una catedral gótica, se manejaban con presupuestos y planes que hoy denominaríamos de camino crítico o "perts".
Un hecho fundamental para tener en cuenta en el poderío económico de la Orden es la Marina Templaria. Muchos historiadores prestan especial atención al ejercito templario de tierra pero poca a su escuadra. Aspecto fundamental para comprender el auge de la actividad económica de la Orden. La diferencia esencial con la escuadra del Hospital era que ésta última estaba destinada primordialmente al combate, la del Temple era más "comercial". Los Templarios siempre tuvieron cordiales relaciones con los mercaderes de Venecia y su Dux.
La base del comercio mediterráneo estaba en el puerto de Marsella, se transportaban unos 6 mil peregrinos al año, dándoles todo servicio. Otras de sus servicios comerciales preferidos eran el transporte de armas y armaduras de guerra con sus caballos.
La Rochèlle era el otro importante puerto en el Atlántico Norte, rodeado de una red de encomiendas fortificadas, del cual nos ocuparemos más adelante.

Lo que hoy denominaríamos turismo o transportes de personas, constituía una fuente de muy interesantes ingresos para la Orden.
Se efectuaba un incesante comercio de personas y mercaderías a través de la flota; subir a bordo de un buque del Temple suponía pagar menos pasaje, beneficiarse con una seguridad máxima para la época, calidad del personal a bordo, confiabilidad de navíos y aparejos (eran muy bien cuidados y modernos); se tenía asegurada una corajuda y organizada defensa en caso de ataque por los piratas. Aquí también tuvieron que hacer convenios con los armadores de barcos de Marsella por la dura competencia que significaba el Temple en estos aspectos. Al botar barcos grandes para transporte de personas (carracas de 30 metros de largo y ocho de ancho, con dos mástiles y seis velas) llevaban más de 300 personas, por viaje; además incluían naves menores de escolta y especialmente las tafureas, que tenían una especie de rampa a sus costados para embarcar caballos. Eran verdaderas caballerizas flotantes, además completaban el "convoy" con las muy famosas naves de guerra: las galeras (40 metros de largo y 6 de ancho).

Este lucrativo negocio, al que mayormente lo constituían los peregrinos que iban a los Santos Lugares, llegó a alcanzar, como dijimos, un tráfico cercano a las 6.000 personas por año, que viajaban desde Francia, Inglaterra, Italia y España.
Todas las casas templarias, sin excepciones, eran usadas como alojamientos transitorios para viajeros. Estos eran atraídos por su seguridad y completa gama de servicios. Reyes, obispos, embajadores, legados papales y diplomáticos utilizaban estos alojamientos, muy bien pagos, algunas veces por largos períodos que llegaban a ser años.
Es evidente que este gran desarrollo de negocios conformados por la producción agrícola de las encomiendas, las donaciones, el tráfico de mercancías de todo tipo, las rentas regulares por recaudaciones de impuestos, explotación de servicios públicos, explotación de una inmensa flota, todo ello acompañando a la desbordante actividad financiera pone en evidencia un sentido moderno de la diversificación de negocios y un alto grado de eficiencia para lograr objetivos superlativos en pos de una meta, que no podemos minimizar como un simple deseo de obtener el poder de la riqueza material por la riqueza en sí misma.

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El básico concepto que manejaban, que hoy día parece una verdad de Perogrullo, era que la riqueza conceptualmente no es solamente oro y plata; ésta está constituida por la tenencia de bienes que permiten generar más bienes, y a su vez tampoco la riqueza es un fin en sí misma sino una de las mejores herramientas para llevar a cabo una acción civilizadora.
La fortuna del Temple era esencialmente inmobiliaria, proveniente de donaciones, algunas muy considerables,