|
En esta delicada tabla del Museo
del Prado, podemos apreciar como tema principal la
Anunciación del arcángel Gabriel a la Virgen
María. Se puede contemplar junto a la Anunciación
una escena secundaria, que muestra el momento de
la expulsión de Adán y Eva del paraíso. Las dos
escenas se conjugan fingiendo que Adán y Eva se
encuentran en el exterior del mismo ámbito, en el
jardín al que se abre el pórtico donde la Virgen
recibe al arcángel. Esto es un recurso que utiliza
el fraile para simbolizar el pecado original
cometido por Adán y Eva, y su redención en la
tierra, que es la encarnación de Cristo en María.
Así nos cuenta simultáneamente el principio y el
final del Antiguo Testamento, al tiempo que
anuncia el Tiempo Nuevo, tras la venida de Dios a
la Tierra. Fra Angélico establece una jerarquía de
tamaños para establecer un orden temporal: las
figuras más pequeñas –Adán y Eva- son las más
remotas en el tiempo; las mayores son las más
cercanas al cristiano, así como las más
importantes en la acción. El marco arquitectónico
en el que se desarrolla no es más que una mera
referencia espacial, que se ve desbordada por las
propias figuras: si la Virgen se pusiera en pie no
cabría en la estancia. Las columnas son
funcionalmente imposibles, porque sus fustes son
demasiado delgados para sostener el techo. Los
colores, la elegancia de la habitación es una
alusión a un marco refinado, principesco y tocado
por la divinidad, el único posible para el
misterio de la concepción de María. También los
riquísimos ropajes que llevan el arcángel y la
Virgen remiten a una imagen noble de los
personajes. El empleo de los colores azul y dorado
indica un cliente rico ya que ambos colores se
fabrican con minerales semi-preciosos y son muy
caros de elaborar. Otra alusión al cliente
poderoso es el tratamiento del jardín, sin
profundidad ni perspectiva, que imita el fondo de
un tapiz, como los que en esa época se importaban
de Bruselas. La iconografía de la Anunciación es
la característica de la época: el arcángel que
desciende a la presencia de María, quien le recibe
temerosa pero con sumisión al mandato divino -de
ahí la pose-; entre la Virgen y el arcángel hay un
jarroncito con nardos blancos, símbolo de su
virginidad. La mano de Dios asoma desde el cielo
para enviar en un rayo dorado a la paloma del
Espíritu Santo, hasta el oído de María, siendo
éste el momento de la concepción de Jesús. Esta
pintura fue realizada por Fra Angélico durante
diez años, entre 1435 y 1445, es decir, en pleno
Quattrocento, para Santo Domingo de Fiesole, que
lo vendió en 1611 al duque Mario Farnese. Su
familia tenía relaciones diplomáticas y
comerciales con España desde el siglo XVI, por lo
que el cuadro termina como regalo a un noble
español, ornando diversos templos hasta llegar al
Prado en 1861. |