Llega la Semana Santa, Semana de dolor, semana de lágrimas, pero también Semana de alegría y triunfo, los Templarios sufren el dolor de nuestro Señor y lo hacen suyo durante estos días, pero sabiendo que es necesario para el triunfo eterno de Jesús el hijo de Dios sobre la muerte, sobre el pecado.

Miércoles de dolores, día en el que empiezan a llegar los hermanos a nuestra hospedería en Alcobendas, un hotel discreto pero acogedor, llega en primer lugar los hermanos de Mallorca, a la cabeza nuestro Maestre José Miguel Nicolau, los reciben los hermanos de Madrid en concreto el hermano Javier Gabaldón y el hermano Anselmo de Crespi, se ponen al día y organizan las jornadas junto a nuestro querido hermano Comendador de Madrid Antonio Medina. El jueves llegamos el resto de hermanos, los de la zona Norte y de las dos Castillas, ya estamos todos los hermanos.

El gozo y la espiritualidad se palpan en el ambiente, al igual que también existe ese aroma a sufrimiento celestial, ese perfume a sangre divina derramada. Amigos hay días en los que los hermanos nos reunimos varias veces al año, pero en Semana Santa se siente un ambiente distinto, parece que todos escuchamos nuestro interior de una manera especial, hay alegría de ver a todos los hermanos pero al mismo tiempo dentro del marco de dolor que se respira en estos días.
El Jueves después de coger fuerzas justitas en la mesa, nos organizamos y dirigimos a la procesión, para poder sufrir con nuestro Señor, para compartir su dolor.
Jueves Santo, día en que nuestro Señor es crucificado, día en que el templo es rasgado, día en que el hombre hace honor a su pleitesía al príncipe de este mundo. Nuestro Señor es insultado, escupido, ridiculizado, humillado, azotado y por fin crucificado, dice Isaías “maldito aquél que cuelga del madero”, no puede haber otra muerte peor, mas baja para un hombre de aquella época, y ¿para un Dios?, era y es necesario que Jesús muera así para purificarnos a nosotros, para vencer a la muerte.
Llegamos a la Iglesia, el silencio hace acto de presencia en cada uno de los hermanos. Una de las cosas que caracteriza este tiempo es la oración, el ambiente invita a ese recogimiento y presencia de Dios en nuestras mentes, le presentamos al Santísimo nuestras miserias, nuestras ilusiones y nuestros dolores, le pedimos también que nos dé fuerza para soportar lá milésima parte de sufrimiento que aguantó nuestro Señor en su Pasión, llevando nosotros su imagen crucificado.
Llega la hora, cada hermano abraza su vara como el que se abraza a su propia vida, sabiendo que es y qué significa, AMOR A DIOS, porque hermanos solamente el amor hace posible que un hombre ame el sufrimiento, como Cristo lo abrazó por nosotros, también nosotros lo debemos abrazar por él, esta vez representado en la procesión, pero que día a día debe guiar nuestra vida, eso significa el crucifijo que tanto amamos, AMOR, y al máximo amor se llega por la máxima entrega, y eso te causa mucho dolor.

Durante la procesión, existen varios hándicap que los hermanos superan con sufrimiento y con dignidad, superadas las dificultades físicas del principio los hermanos se remangan y hacen del dolor su alimento, es un orgullo sufrir por Cristo, y cuanto mas sufrimos mas se ilumina nuestro manto.

Viernes Santo, día de la muerte de nuestro Señor, día de luto, día en que nos quedamos huérfanos, pero es una orfandad necesaria y corta, nuestro Señor baja a recoger a todos los justos. Su muerte es nuestra vida, su muerte es nuestra esperanza, gracias a que él sacrificó su vida, su honor, su dignidad, como hombre, nosotros podemos acompañar en el futuro al Señor y disfrutar de su compañía eternamente. Nuestros pecados se materializaron en su dolor, nuestros pecados los cargó él a sus espaldas, para así derrotar al padre de la mentira, al entonces príncipe de este mundo, y le ganó la partida, triunfó la vida, triunfó el sí, triunfó Jesús sobre el mal, la oscuridad y la muerte.

Y los hermanos somos conscientes de ello, el silencio en la procesión es sepulcral, los corazones de todas las personas están encogidos y tristes, sufren con su Dios, y morirían por su Dios. Las imágenes pesan, pero el alma y el amor vencen al cuerpo y a las limitaciones de la carne, y ofrecemos nuestro sufrimiento por el mundo, en defensa de los hombres, en defensa de otra oportunidad, todos deseamos que nuestros hermanos vean y crean en nuestro Dios porque sólo él fue capaz de hacerse Dios sufriendo como hombre de tan vil manera. La procesión va llegando a su fin y los hermanos se animan unos a otros, es el sentir de la hermandad, triunfamos todos o fracasamos todos, todos somos uno, pero tanto el fracaso como el éxito es en nombre de el mas grande, Jesús.

Al llegar a la Iglesia, todos damos gracias a Dios por brindarnos la oportunidad de poder compartir el sufrimiento con nuestro Señor, y por poder haber ayudado a hacer realidad esta tradición representativa de la Pasión del Señor en Alcobendas. Los Templarios siempre estarán dándolo todo en este magnífico pueblo de Madrid, un pueblo que no quiere olvidar lo que un día un Dios hecho hombre hizo por cada uno de nosotros, un pueblo que le venera y le reza desde su origen. Este pueblo siempre tiene presente a Cristo en su día a día y le pide al gran Dios, que él también le tenga presente en sus intenciones.

Los Templarios llegamos a la hospedería y nos reunimos en una sala para compartir la experiencia y exteriorizar nuestro sentir.
Fr.++ Nivardo de Clairvaux
Mas fotos en www.fratertempli.tk